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Lula rechaza modelo extractivo para los minerales estratégicos

Durante el Foro Económico Internacional de América Latina y el Caribe, en Ciudad de Panamá, Lula da Silva defendió que las tierras raras y otros insu…

| Por La Tribuna
Lula condena la división del mundo en zonas de influencia: "Es un retroceso histórico" El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, habla durante el Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe 2026 ayer miércoles, en Ciudad de Panamá (Panamá).

Durante el Foro Económico Internacional de América Latina y el Caribe, en Ciudad de Panamá, Lula da Silva defendió que las tierras raras y otros insumos claves para baterías y transición energética se procesen en la propia región.

EFE/La Tribuna. El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, quiere que el “boom” de los minerales críticos no se repita como una historia de extracción y dependencia. Desde Ciudad de Panamá, en el Foro Económico Internacional de América Latina y el Caribe, el presidente brasileño defendió que las tierras raras y otros insumos claves para baterías y transición energética se procesen en la propia región. Extraer, afirmó, “solo tiene sentido” si esos recursos se transforman localmente para crear empleo y valor agregado, en vez de exportarlos en bruto y recomprar productos terminados.

El planteo no es solo industrial: es geopolítico. Lula vinculó la carrera por minerales con el intento de las grandes potencias de ordenar el mundo en “zonas de influencia”, lo que definió como un “retroceso histórico” de tinte neocolonial. Evocó la Política de Buena Vecindad de Franklin D. Roosevelt y advirtió que “el uso de la fuerza jamás pavimentará el camino” para superar los problemas regionales. En esa línea, condenó la intervención militar de EE.UU. en Venezuela —que, según relató, terminó con la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores— y también los bombardeos sobre lanchas vinculadas al narcotráfico en el Caribe y el Pacífico, con más de 100 muertos. Lula, que aspira a un cuarto mandato en octubre, lo enmarcó como defensa de la autonomía regional.

Ese marco explica por qué el mandatario mira con recelo la estrategia de Washington bajo Donald Trump. Lula recordó que los minerales críticos se han vuelto un objeto de deseo para la Casa Blanca y quedaron en el centro de negociaciones comerciales. Brasil ya sufrió, el año pasado, la imposición de altos aranceles a sus exportaciones hacia EE.UU.; el presidente dijo estar dispuesto a discutir, pero remarcó que cualquier diálogo debe partir del respeto a la soberanía y de reglas previsibles, no de presiones unilaterales.

Pero para Lula, el margen real de negociación depende de otra variable: la fragmentación regional. Afirmó que América Latina vive uno de los mayores retrocesos en integración de su historia y volvió a estar “más orientada hacia fuera que hacia sí misma”. Puso como síntoma la incapacidad de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) de producir una sola declaración ante “intervenciones militares ilegales” que afectan a la región, pese a los esfuerzos de su presidencia pro tempore. Y recordó que la Unasur “sucumbió al peso de la intolerancia” que impidió convivir con visiones distintas.

De ahí su apuesta por un “regionalismo posible”: menos épica y más pragmatismo institucional. Lula sostuvo que doctrinas de integración como el bolivarianismo son insuficientes y que copiar el modelo de la Unión Europea es inviable por el peso de las instituciones nacionales. La salida, insistió, pasa por acuerdos que sobrevivan a los cambios de gobierno y se traduzcan en políticas concretas: seguridad ciudadana, combate al crimen organizado y al narcotráfico, cohesión social y una transición verde que no reproduzca viejos extractivismos.

También enumeró “activos” para una agenda común —reservas de hidrocarburos, biodiversidad y recursos minerales— y puso como ejemplo el acuerdo UE-Mercosur, además de la intención del bloque de ampliar asociaciones con países como México e India. Para Lula, la integración solo será viable si la región recupera la “capacidad de convivir con las diversidades políticas” y se concentra en resultados verificables.

El foro en Panamá le sirvió para marcar líneas rojas y tender puentes. Defendió la neutralidad del Canal de Panamá ante el empuje estadounidense por recuperar su control y afirmó que hoy se administra de forma segura y no discriminatoria. A la vez, tras un inicio turbulento por los aranceles, admitió que mantiene diálogo fluido con Trump; ambos quedaron en verse en Washington en marzo.

La idea que atraviesa sus mensajes es simple: sin integración, la región venderá litio, níquel o tierras raras como un conjunto de proveedores aislados; con integración, puede negociar tecnología, financiamiento y procesamiento local. En un mundo que se rearma por recursos estratégicos, Lula apuesta a que América Latina deje de exportar su futuro en estado natural y empiece a capturar, en casa, el valor de lo que produce.

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