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El Reino de Marruecos moderno, entre la tradición y la globalidad

Quien no conoce puede caer en el error de arriesgar una opinión presumiendo su condición de país africano, musulmán y árabe. En verdad, contiene la e…

| Por Ignacio Martinez
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En las calles de Marruecos se aprecia un profundo respeto a la diversidad, y se conjugan la tradición y la modernidad.

Quien no conoce puede caer en el error de arriesgar una opinión presumiendo su condición de país africano, musulmán y árabe. En verdad, contiene la esencia de los tres —que debe ser valorada en la vigente globalidad que afecta lo tradicional—, pero con la modernidad que está a la par o es superior a la de Europa, Asia y del continente americano.

Es una nación abierta al mundo, donde nadie es discriminado por sus ideas políticas (liberales o socialistas). Acá se encuentran por las calles —en un ambiente de respeto— todo tipo de creyentes, desde ateos y agnósticos. El marroquí puede estar orando, incluso, ante la vista de la gente dentro de un islamismo respetuoso y moderado.

La pregunta que suelen hacer es, "¿dónde radica el secreto de Marruecos para su desarrollo?". Habrá varias respuestas, pero intento resumir que se halla en el principio de la convivencia en la diversidad, en la política de Estado bajo el liderazgo del rey Mohamed VI y en derechos y obligaciones que asume la ciudadanía dentro de sus normas legales.

La pluralidad tiene raíces en su propia condición natural, ofreciendo desde medinas laberínticas y sabores exóticos (tajines, cuscús) hasta paisajes variados (océanos, montañas, desierto) y una historia milenaria. Hay una simbiosis amistosa entre lo tradicional y lo actual. Convivencia en una llamativa fusión entre diferencia y unidad.

Los marroquíes se destacan por su amor a la paz y su hospitalidad. Una persona, al llegar a la casa ajena de visita o al parar en el hotel o en lugar que fuere, será recibida con el té, que siempre está para que sea probado y saboreado. Es una tradición que lo sienten y lo muestran al visitante con orgullo.

La mística tiene una profunda tradición bereber, todo ello envuelto en una rica mezcla de costumbres que valora la vida social y familiar. Rabat, la capital del país, tiene su encanto, como igualmente Casablanca (la más poblada), y Fez que es considerada la tercera ciudad, Marrakech y Tánger también tienen lo suyo como poblaciones urbanas.

Marruecos, comparado con su vecino Argelia, no tiene petróleo ni gas. Su desarrollo económico y social se basa en que cada sector, público y privado, cumple con su función. La prioridad de sus autoridades, nacionales y comunales, es atender a su población en un ambiente de prestación de los servicios básicos, todo con pluralidad política y diría hasta religiosa.

Otra pregunta que me suelen hacer es qué es mejor: las grandes ciudades o las provincias del Sur. Me gustan las ciudades que están al sur, que tienen las características propias del interior. Agadir tiene gente amable y sacrificada. El Aaiún-Saguía el-Hamra tiene su porte característico. Entre todas, me encanta Dajla, donde se halla el puerto más grande de Marruecos. En todas ellas, no paran el desarrollo y la actividad laboral.

Otra acción que define el progreso es el trabajo. Eso es más valorado ante la carencia del petróleo y gas, entonces la política de Estado es el ingenio para explotar la agricultura, la pesca, la industria, el comercio y el turismo.

La agricultura contribuye significativamente al PIB proporcionando empleo a parte de la ciudadanía. Estamos hablando de un país con escasez de agua y terrenos desérticos. Pese a la posible adversidad, logró cifras impresionantes en la producción de cultivos como trigo, cebada, tomates y aceitunas, entre otros productos.

La ganadería y la pesca desempeñan un papel importante. De hecho, Marruecos se destaca como el primer país en producción de pescado de toda África. En Dajla hay enormes industrias del pescado y de los enlatados en sardinas.

En el sector secundario están la fabricación de vehículos y la industria farmacéutica. El Reino es actualmente un exportador de automóviles, sacando provecho a su calidad industrial y ubicación estratégica entre Europa y África. También es un enorme productor de fosfatos, tan necesarios para revitalizar las tierras agrícolas.

En el sector terciario, el turismo es crucial para la economía marroquí, generando ingresos significativos y empleos en áreas como la hostelería, el transporte y los servicios relacionados. Acá hay visitantes en una mezcla de idiomas de todo el mundo.

El sector terciario también incluye servicios como tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y la expansión de servicios digitales en sectores como la banca, el comercio electrónico y la educación en línea.

En conclusión, Marruecos aprovecha todo lo que tiene con ingenio, perseverancia y planificación, buscando beneficios de vida para su gente. Todo lo lleva adelante respetando la diversidad y conjugando la tradición y la modernidad, que merecen ser destacados en un continente donde aún hay Estados casi fallidos y países que, con recursos naturales, no salen de la situación paupérrima.

Los marroquíes se destacan por su amor a la paz y su hospitalidad.
Los marroquíes se destacan por su amor a la paz y su hospitalidad.

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