Estados Unidos advirtió a Israel que perderá su apoyo si avanza con los proyectos de ley que buscan anexar la Cisjordania ocupada. El mensaje fue reforzado durante la visita del secretario de Estado, Marco Rubio, en el marco de las gestiones para sostener el cese del fuego en Gaza.
Jerusalén (AFP). El presidente Donald Trump declaró a la revista Time que “Israel perdería todo el apoyo de Estados Unidos si eso sucediera”, al referirse a la posible anexión. “No sucederá, di mi palabra a los países árabes”, añadió. La advertencia llega cuando el Parlamento israelí debate dos proyectos de ley para ampliar la soberanía israelí sobre ese territorio ocupado desde 1967.
Rubio, que se reunió con el primer ministro Benjamin Netanyahu, aseguró estar “confiado y optimista” sobre la continuidad del alto el fuego vigente desde el 10 de octubre, aunque reconoció “desafíos”. El funcionario subrayó que cualquier intento de anexión “amenazaría el acuerdo de paz promovido por Estados Unidos”.
El vicepresidente estadounidense, J.D. Vance, también visitó Israel esta semana y reiteró la posición oficial: “La política de la administración Trump es que Cisjordania no será anexionada”. Vance calificó el voto parlamentario como “una maniobra política muy estúpida” y “un insulto personal”.
Los proyectos son impulsados por la extrema derecha israelí, de la que depende la frágil coalición de Netanyahu. Desde su oficina se calificó el debate parlamentario como “una provocación deliberada de la oposición”. En respuesta, varios países árabes y musulmanes, entre ellos Arabia Saudita, condenaron el examen de las leyes por parte del Parlamento israelí.
Mientras tanto, Washington mantiene una intensa actividad diplomática para sostener la tregua en Gaza, tras dos años de guerra. El alto el fuego, alcanzado con mediación estadounidense, tambaleó el domingo por nuevos enfrentamientos y acusaciones mutuas de violaciones.
El acuerdo incluye el desarme del movimiento islamista Hamás y la reconstrucción de Gaza, un proceso que Rubio reconoció como “muy difícil”. Según el pacto, Hamás liberó el 13 de octubre a 20 rehenes vivos y debía entregar 28 cuerpos, aunque hasta ahora solo devolvió 15, alegando dificultades por la devastación. Israel, a cambio, entregó 195 cuerpos de palestinos y retiró parte de sus tropas, aunque mantiene el control de la mitad del territorio.
La magnitud de la destrucción hace casi imposible la vida cotidiana. “Teníamos miedo de morir durante la guerra; ahora tenemos miedo de vivir”, relató Maher Abu Wafah, de 42 años, desplazado en Gaza. “Nuestras vidas y las de nuestros hijos se nos escapan delante de los ojos”, añadió.
La Organización Mundial de la Salud advirtió que “el hambre en Gaza no ha disminuido” pese a la tregua. “No hay suficientes alimentos y la situación sigue siendo catastrófica”, alertó el organismo.
En paralelo, delegaciones de Hamás y del movimiento rival Fatah se reunieron en El Cairo para discutir los pasos posteriores al conflicto, según informó el medio egipcio Al Qahera News.
El ataque de Hamás del 7 de octubre del 2023 dejó 1.221 muertos en Israel, en su mayoría civiles, según cifras oficiales. La ofensiva de represalia israelí causó hasta ahora 68.280 fallecidos en Gaza, también en su mayor parte civiles, según el Ministerio de Salud del enclave, cuyos datos son considerados fiables por la ONU.
Con su advertencia a Israel y su diplomacia activa, Washington intenta equilibrar su histórica alianza con el Estado hebreo y su papel como garante de una paz frágil que pende de un hilo.
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El vicepresidente de Estados Unidos, J.D. Vance (derecha), se arrodilla sobre la Piedra de la Unción en Jerusalén.


