Lula da Silva obtiene un inédito cuarto mandato en Brasil

El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva (80) obtuvo anoche un cuarto mandato no consecutivo al vencer en segunda vuelta a su rival electoral Flávio Bolsonaro, en una contienda que se mantuvo reñida hasta el final. Se impuso con el 51,7% de los votos válidos frente a 48,2% del candidato opositor. El presidente paraguayo Santiago Peña lo saludó por su victoria.

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El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, pronuncia un discurso al ganar las elecciones presidenciales de Brasil anoche, en el Hotel Intercontinental en Sao Paulo (Brasil).
Lula: "Vencimos la intromisión que vino desde las plataformas digitales"El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, pronuncia un discurso al ganar las elecciones presidenciales de Brasil anoche, en el Hotel Intercontinental en Sao Paulo (Brasil).Sebastiao Moreira

Sao Paulo. Luiz Inacio Lula da Silva fue reelegido ayer para un inédito cuarto mandato, al derrotar contra todo pronóstico a su rival conservador Flávio Bolsonaro en balotaje en el país más grande de América Latina.

Con el triunfo de Lula, Brasil se desvía del giro a la derecha que han dado países como Argentina, Chile o Colombia, respaldados por el presidente estadounidense Donald Trump, y se mantiene como uno de los pocos bastiones progresistas en la región, informó AFP.

El líder de la izquierda desafió los sondeos, tras haber perdido en la primera vuelta frente al hijo del expresidente derechista Jair Bolsonaro (2019-2022). Se impuso con el 51,7% de los votos frente a 48,2% para el senador Flávio Bolsonaro.

Ningún candidato que había perdido la primera vuelta había conseguido imponerse en la segunda, desde la primera elección directa en 1989 tras la dictadura en Brasil.

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Flávio Bolsonaro, de 45 años, se hallaba por su parte junto a su equipo en Brasilia y hasta anoche, al cierre de nuestra edición, no se había pronunciado.

El presidente apareció en un video publicado en sus redes saltando de alegría con unas gafas rojas en forma de estrella en el hotel en Sao Paulo donde está previsto que hable más tarde a la prensa.

En la plaza Cinelandia, en el centro de Rio, los simpatizantes de Lula lloraban. “Estoy muy emocionada, es una victoria histórica para el presidente Lula. El pueblo se movilizó, se unió y estamos aquí hoy”, dijo a la AFP la abogada Mariana Andrade, de 33 años.

La jornada electoral estuvo marcada por la prolongación de dos horas de los centros de votación, después de que Lula denunciara obstáculos en el transporte público para ir a votar en algunas ciudades como Sao Paulo y Salvador (noreste).

Bolsonaro también pidió esa prórroga en otros municipios debido a “intensas lluvias”.

La abstención se redujo respecto al primer turno, de 21% a 19%.

Longevidad

Antes incluso de esta reelección, Lula, el primer presidente obrero de Brasil, ya ostentaba un récord: ningún presidente elegido democráticamente ha gobernado el país durante tanto tiempo.

Quien ya es uno de los dirigentes más longevos del mundo tendrá 85 años al término de su nuevo mandato en 2030 y habrá acumulado así 16 años en el poder, tras un primer período en la presidencia de 2003 a 2010.

Pero la campaña mostró hasta qué punto el país sigue dividido.

Poco conocido cuando su padre lo ungió como heredero, Flávio Bolsonaro se presentó como una versión más moderada que el expresidente ultraderechista, condenado el año pasado por golpismo por intento de golpe de Estado en 2022.

Trató de seducir con promesas de cambio a conservadores y a votantes menos ideologizados, hartos de la inseguridad y el costo de vida.

Para dar vuelta el resultado de la primera vuelta, Lula da Silva multiplicó en la recta final las medidas populares, muchas de ellas costosas.

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Aumentó las partidas del Bolsa Familia, su programa social estrella destinado a las familias más pobres. También impulsó la aprobación de una reforma constitucional que reduce la jornada de trabajo y otorga a millones de brasileños un día adicional de descanso semanal.

Lula enarboló la bandera de la soberanía, acusando a Donald Trump de querer entrometerse en la votación.

Pero fue Meta la que, en los últimos días, se convirtió en el blanco de los ataques más duros de la izquierda.

La empresa estadounidense, dueña de Facebook, WhatsApp e Instagram, fue acusada por el equipo de Lula de favorecer a su rival mediante una “manipulación algorítmica”.

Meta lo negó, pero reconoció errores como la desactivación de anuncios de la campaña de Lula por motivos técnicos.

“País arruinado”

Para su cuarto mandato, el margen de maniobra del jefe de Estado se anuncia limitado. Tanto por el tsunami conservador que barrió el Congreso en las legislativas de hace tres semanas, como por la coyuntura económica, con un crecimiento que debe desacelerarse.

Aunque el desempleo está en su nivel más bajo y la inflación relativamente contenida, a los círculos empresariales les inquieta el estado de las finanzas públicas.

Flávio Bolsonaro llegó a hablar de un “país arruinado”.

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Desde enero de 2027

El presidente Lula jurará su cuarto mandato -segundo consecutivo- el próximo 5 de enero en Brasilia con 81 años de edad. Este nuevo periodo lo hará con un Parlamento más escorado a la derecha que hace cuatro años.

Después de una primera parte de la campaña “desorganizada”, como definió el propio Lula, el gobernante dio un giro radical a su estrategia. Llamó a ocupar las calles y las redes sociales, y a reducir la abstención, que bajó casi dos puntos en esta segunda ronda con respecto a la primera.

La militancia respondió con marchas multitudinarias en varias de las principales ciudades del país en una efervescencia del progresismo no vista en décadas.

El aspirante del PT también multiplicó sus anuncios desde la Presidencia: logró la aprobación en el Congreso de la jornada laboral, perdonó las deudas a millones de trabajadores autónomos y lanzó medidas de incentivo para el sector de los videojuegos, entre otras medidas.

El excandidato presidencial Flavio Bolsonaro (c) habla en una rueda de prensa anoche, en el barrio Lago Sul, en Brasilia (Brasil). Bolsonaro afirmó que "es imposible reconocer" la victoria del presidente Luiz Inácio Lula da Silva en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil por la decisión de un juez de ampliar en dos horas el horario de votación a petición del líder progresista.
El excandidato presidencial Flavio Bolsonaro (c) habla en una rueda de prensa anoche, en el barrio Lago Sul, en Brasilia (Brasil). Bolsonaro afirmó que "es imposible reconocer" la victoria del presidente Luiz Inácio Lula da Silva en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil por la decisión de un juez de ampliar en dos horas el horario de votación a petición del líder progresista.Andre Borges

Duros ataques a Flávio

También emprendió una dura campaña de desgaste contra su adversario con una estrategia basada en el miedo y en el recuerdo de los recortes durante la gestión de Jair Bolsonaro (2019-2022).

En este sentido, vinculó a Flávio con la “motosierra” del presidente argentino, Javier Milei, advirtió que su victoria era una “riesgo para la democracia”, tras la intentona golpista que lideró su padre tras perder los comicios de 2022, y recordó las sospechas de corrupción y sus vínculos con parientes de grupos paramilitares de Río de Janeiro.

También alertó de que se subordinaría a Trump, en asuntos como seguridad y minería, en medio de los intentos de injerencia de la Casa Blanca para supuestamente favorecer al hijo de Bolsonaro, aliado del republicano.

“No permitiremos que Brasil sea el patio trasero de nadie”, exclamaba Lula en sus mítines.

Frente a esto, Flávio, ungido candidato por su padre, quien se encuentra condenado y en prisión domiciliaria por golpismo, perdió la capacidad de marcar el debate público y fue a remolque en las tres últimas semanas de campaña.

A partir de febrero, Flávio perderá sus fueros como parlamentario y tendrá que lidiar con al menos dos investigaciones en su contra relacionadas con supuestos delitos de blanqueo de capitales.

Estos son los principales desafíos que enfrentará Lula:

Gobernabilidad

Como en su mandato actual, Lula no tendrá mayorías en el Congreso.

Las legislativas de este mes reforzaron a la derecha y dejaron al Partido Liberal de Bolsonaro como la primera fuerza, con 121 de los 513 diputados y 28 de los 81 senadores.

Para aprobar sus propuestas, Lula dependerá fuertemente del llamado “Centrão”, un bloque de partidos de centroderecha que da su apoyo a cambio de cargos y recursos, y que suele inclinarse hacia el gobierno de turno.

Pero negociar con ellos es cada vez más difícil, afirma la politóloga Mayra Goulart, de la Universidad Federal de Rio de Janeiro, porque ahora los legisladores deciden el destino de una parte considerable del presupuesto federal.

Esto les da “más independencia en relación al Ejecutivo”, dice.

El problema fiscal

En materia económica, “los tres grandes problemas de Brasil son el problema fiscal, el problema fiscal y el problema fiscal”, resume a la AFP Mauro Rochlin, economista de la Fundación Getulio Vargas.

El Estado brasileño gasta más de lo que recauda, la deuda pública supera el 80% del PIB y el Banco Central mantiene una de las tasas de interés más altas del mundo para contener la inflación.

Una situación que, advierte, “puede muy rápidamente traducirse en una crisis económica”.

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Para Rochlin, el ajuste es inevitable pero difícil, pues implica “medidas impopulares” y enfrentarse a “lobbies muy poderosos dentro del Congreso”.

El desafío choca con la principal bandera de Lula: los programas sociales.

La inseguridad

La violencia es la principal preocupación de los brasileños, según encuestas recientes.

Lula deberá mostrar resultados visibles, en especial contra la actuación de las facciones criminales y las milicias que controlan territorios en varias ciudades, un terreno en el que la oposición lo acusa de debilidad.

En campaña dijo que apoyaría la reducción de la edad de responsabilidad penal de 18 a 16 años para crímenes atroces, un viejo reclamo de la derecha, que propone llevar esa reducción a 14 años.

El tema tiene dimensión internacional, después de que el gobierno de Trump declarara “organizaciones terroristas” al Primeiro Comando da Capital y al Comando Vermelho, las dos mayores facciones criminales del país, pese a la oposición de Brasilia, que ve riesgos para su soberanía.

Trump y el giro a la derecha regional

Lula tomó la defensa de la soberanía nacional como bandera de campaña, tras los aranceles punitivos que Trump impuso a Brasil el año pasado en represalia por el juicio contra Jair Bolsonaro y un nuevo gravamen del 25% este año.

Ahora deberá recomponer la relación con Washington, uno de sus principales socios comerciales, sin ceder en ese discurso y frente a una administración que reivindica abiertamente su influencia sobre lo que llama el “hemisferio occidental”.

Y lo hará en una región cada vez más alineada con Trump, desde la Argentina de Javier Milei hasta la Colombia de Abelardo de la Espriella.

Para Oliver Stuenkel, profesor de relaciones internacionales de la Fundación Getulio Vargas, la cuestión ideológica “importa para encuentros simbólicos” pero, en la práctica, “no es tan relevante”.

Con Argentina, por ejemplo, más allá de su retórica, “en el fondo el contenido de la relación no cambió tanto” pese a los insultos de Milei a Lula, dice a la AFP.

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