Brasilia (AFP). En lo que constituye uno de los episodios más ríspidos en la historia reciente de las relaciones diplomáticas entre las dos mayores economías del continente americano, el gobierno brasileño salió ayer jueves a repudiar con extrema dureza las recientes maniobras comerciales y declaraciones de la administración estadounidense.
El canciller de Brasil, Mauro Vieira, no escatimó adjetivos al criticar frontalmente una declaración que calificó de “grosera y arrogante” por parte de su homólogo de EE.UU., el secretario de Estado Marco Rubio. El blanco de los ataques de Washington fue el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, en un contexto de alta sensibilidad por la reciente imposición de nuevos aranceles a la potencia sudamericana.
Un choque retórico que profundiza la crisis bilateral
La escalada verbal se desató luego de que el gobierno estadounidense oficializara la aplicación de tarifas aduaneras del 25% a productos brasileños. Lejos de intentar suavizar el impacto, Marco Rubio utilizó la red social X para lanzar un dardo directo al jefe de Estado. Según el funcionario de Washington, los aranceles impuestos este último miércoles son el “precio” que Brasilia debe pagar debido a que Lula “ha antepuesto su propio ego a llegar a un acuerdo por el bienestar del pueblo brasileño”.
La respuesta del Palacio de Itamaraty no se hizo esperar de cara a la jornada de este viernes. En una declaración a la prensa, visiblemente molesto, Mauro Vieira sentenció: “Rubio ataca de forma grosera y arrogante al jefe de Estado de un país amigo”. Para el canciller, los comentarios cruzan una línea roja. “Son inaceptables, ofensivas al pueblo y al gobierno brasileño”, añadió Vieira. Además, subrayó que existe una evidente “motivación política” detrás de la agresiva política arancelaria, rechazando los resultados de la investigación sobre presuntas prácticas comerciales desleales, una acusación que Brasilia niega categóricamente.
El trasfondo político: elecciones y el factor Bolsonaro
Para comprender este cortocircuito, es imperativo analizar el complejo tablero electoral que se avecina en el gigante sudamericano. Brasil acudirá a las urnas en octubre para elegir presidente, en unos comicios que prometen extrema polarización. El izquierdista Lula buscará su reelección frente a un rival que encarna la oposición dura: el candidato de la derecha Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro (2019-2022).
En este escenario, las acciones de Donald Trump no se leen como decisiones técnicas, sino como una intervención en favor de la familia Bolsonaro. El exmandatario ha sido un férreo aliado del actual presidente estadounidense. De hecho, en el 2025, Washington ya impuso una primera serie de aranceles en represalia por el avance del juicio por golpismo que llevó a Jair Bolsonaro a la cárcel. La geopolítica muestra a un EE.UU. dispuesto a usar su peso económico para presionar a un gobierno antagónico y favorecer a sus aliados.
PIX y Amazonia: las “absurdas” justificaciones de Washington
Las razones esgrimidas por el gobierno estadounidense para el castigo arancelario generaron indignación en Brasilia. Washington alegó que las empresas de EE.UU. se ven perjudicadas por la deforestación ilegal en la Amazonia y por el sistema de pagos electrónicos gratuito PIX. El canciller Vieira desestimó estas acusaciones calificándolas de “desubicadas” y “absurdas”. El PIX, método dominante en Brasil, revolucionó la inclusión con transacciones gratuitas; penalizarlo es visto como un insólito castigo al éxito tecnológico soberano.
Por otro lado, el uso del argumento ambiental resulta paradójico. Vieira recordó que, desde que Lula asumió el poder en el 2023, la deforestación cayó de manera significativa en territorio brasileño. Para Itamaraty, estas excusas confirman que los aranceles carecen de sustento técnico y responden exclusivamente a un hostigamiento político. La relación bilateral entra en una fase de tensión.

