Teherán (AFP). Una marea humana tomó las calles de Teherán durante el tercer día del funeral de Estado del exlíder supremo Alí Jamenei. Este evento fue concebido por la República Islámica como una demostración de fuerza y unidad tras 40 días de intensos bombardeos por parte de Israel y Estados Unidos.
Aunque las autoridades no han divulgado una cifra oficial desde el inicio de los homenajes el pasado sábado, se estimaba una participación total de entre 15 y 20 millones de personas.
Un largo recorrido de despedida
El féretro de Jamenei, quien dirigió el país durante más de tres décadas hasta su muerte a los 86 años, permaneció expuesto al público durante dos días en la Gran Mosalla, un emblemático recinto religioso de la capital. Un camión abierto transportó el ataúd, que lucía cubierto de flores y coronado con el tradicional turbante negro del ayatolá.
El cronograma de los actos fúnebres incluyen las siguientes paradas: Qom: la ciudad sagrada al sur de la capital, adonde el féretro llegó en horas de la noche según la televisión estatal; Irak: diversos santuarios en el país vecino, hogar de una importante comunidad chiita, y Mashhad: la ciudad natal de Jamenei, en el noreste de Irán, donde será finalmente sepultado el jueves.
Cabe destacar que el funeral, previsto inicialmente para el mes de marzo, debió ser pospuesto a causa de la guerra desatada el 28 de febrero, fecha que coincidió con el fallecimiento del ayatolá y el primer día de los ataques conjuntos que desencadenaron un conflicto mayor en Oriente Medio.
Banderas de venganza y alta tensión política
El clima en las calles estuvo marcado por un fuerte sentimiento antioccidental. Miles de asistentes agitaron banderas iraníes y estandartes rojos, símbolo de venganza y justicia en la tradición chiita, mientras coreaban consignas contra Estados Unidos e Israel. Algunos manifestantes portaban carteles exigiendo la “muerte” de Donald Trump y del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu.
“Todo el mundo habla de venganza. Es necesario, o más adelante será peor”, declaró a la AFP Gholamreza Khanbabaei, un asistente de 58 años que sostenía un retrato del presidente estadounidense apuntado con un arma a quemarropa.
A pesar del calor sofocante en la principal avenida que conduce a la Plaza Azadi, abarrotada a lo largo de varios kilómetros, los organizadores rociaron agua a la multitud y distribuyeron raciones de comida y bebida.
La ceremonia contó con la presencia de las más altas esferas de la política iraní. Entre ellas sobresalió el presidente Masoud Pezeshkian, quien destacó a través de la red social X que “el liderazgo del mártir enseñó a todos que el mayor activo de Irán es su pueblo y su unidad”. A la despedida se sumaron también figuras claves del régimen como el canciller Abbas Araghchi; el influyente líder del Poder Judicial, Gholamhossein Mohseni Ejei, y Esmail Qaani, comandante de la Fuerza Quds, el principal brazo operativo de la Guardia Revolucionaria. Asimismo, llamó la atención la asistencia del expresidente Mahmud Ahmadineyad (2005-2013), conocido por las tensas relaciones políticas que mantuvo en el pasado con el difunto ayatolá.
Por otro lado, el hijo y sucesor de Jamenei, Mojtaba, sigue sin ser visto en público desde finales de febrero. Herido en los bombardeos que mataron a su padre, el nuevo líder se expresa de momento únicamente por medio de comunicados.
Máxima seguridad para evitar tragedias del pasado
El operativo de traslado requirió de medidas de seguridad extremas. El camión que transportaba los féretros de Jamenei y de los familiares que murieron junto a él en los ataques (una de sus hijas, un yerno, una nuera y una nieta) fue escoltado por las fuerzas armadas.
Las autoridades buscaron evitar a toda costa un incidente similar al ocurrido durante el cortejo fúnebre del fundador de la República Islámica, el líder supremo Ruhollah Jomeiní, el 6 de junio de 1989. En aquella ocasión, una multitud desesperada avanzó hacia el cortejo, rasgó el sudario y provocó que el cuerpo cayera al suelo.
Ese tumulto histórico, que según la agencia oficial IRNA congregó a 10 millones de personas, dejó un saldo de más de 10 muertos y 10.000 heridos, y obligó a transportar el cuerpo en helicóptero para ser enterrado con varias horas de retraso.


