Proteger la piel del cuerpo que queda expuesta al sol es fundamental, sobre todo en los meses de verano, cuando la absorción de los rayos solares es más intensa. La exposición prolongada sin protección puede provocar quemaduras solares agudas y, a largo plazo, generar fotoenvejecimiento, que se traduce en arrugas prematuras, manchas y pérdida de elasticidad.
La dermatóloga Lourdes Bolla explicó que es clave aplicar el protector solar correctamente, no olvidar las zonas más expuestas o que suelen pasarse por alto. Entre estas áreas están las orejas, la nuca, el hueco poplíteo (detrás de la rodilla), el dorso de los pies y las manos. Todas ellas reciben gran cantidad de radiación, necesitan protección constante para evitar daños inmediatos y acumulativos.
El protector solar debe aplicarse en todo el cuerpo de manera uniforme y renovarse cada tres horas. Si se está en contacto con el agua o se produce sudoración, se recomienda volver a aplicarlo después de varias entradas y salidas del agua, ya que la protección disminuye con cada inmersión o contacto con la humedad, resaltó. En los niños, es fundamental usar fórmulas resistentes al agua y al sudor, garantizando así que su piel permanezca protegida mientras juegan o nadan.
Después de la exposición solar, la piel necesita cuidados especiales para hidratarla y calmarla. La especialista aconseja el uso de geles de aloe post solar o bálsamos que contienen cerámica, urea o cold cream, estos productos ayudan a reparar la piel, reducir la irritación, mantenerla suave y saludable.
La señal principal de daño solar es el enrojecimiento de la piel, conocido como eritema cómo pueden aparecer vesículas, descamación, bronceado excesivo, cutis romboidal, queratosis actínicas y lentigos solares, que son manchas oscuras producidas por la exposición prolongada al sol. Disfrutar del sol de manera segura es posible si se siguen estos cuidados, evitando daños visibles y a largo plazo.


