La profesional señaló que reconocer una equivocación implica comprender qué sucedió, aceptar la responsabilidad y considerar qué se puede hacer de manera diferente en el futuro. Este proceso permite aprender de las experiencias y desarrollar otras formas de actuar ante situaciones similares. Como ejemplo, la profesional mencionó el caso de una persona que tuvo una reacción inadecuada con alguien, reconoce lo ocurrido, pide disculpas y trabaja en el manejo de sus emociones.
Sin embargo, Castillo explicó que la situación cambia cuando alguien pasa días repitiéndose que es una mala persona, que siempre arruina todo o que no merece ser perdonado. En esos casos, la atención deja de estar puesta en reparar el daño y se concentra en mantener un castigo interno. Desde la psicología clínica, indicó que se busca promover una responsabilidad saludable, que permita reconocer las consecuencias de las propias acciones sin convertir una equivocación en una condena sobre la identidad de la persona.
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La psicóloga también diferenció la culpa de la autocrítica destructiva. La primera puede ayudar a reconocer que una conducta necesita ser reparada, mientras que la segunda puede llevar a creer que uno mismo está mal en su totalidad. Por eso, aprender a responsabilizarse implica aceptar los errores, reconocer sus consecuencias y buscar la manera de mejorar, sin quedar atrapado en el autocastigo.


