Coexistir con opiniones encontradas forma parte del trabajo diario en equipo. No obstante, la profesional Patricia Cardozo subrayó que la relación laboral se vuelve nociva en cuanto los tratos destructivos se vuelven constantes e inciden de forma directa en el estado psicológico de los trabajadores.
Entre los signos de advertencia más evidentes, Cardozo resaltó las burlas, el ninguneo, el aislamiento forzado, las amenazas, la difamación y los cuestionamientos desmedidos. Estas agresiones derivan con frecuencia en cuadros de estrés previo al ingreso laboral, temor permanente, cambios de humor, cansancio emocional, alteraciones del descanso nocturno y una baja en el autoconcepto.
Frente a estas conductas, Cardozo señaló que comprender que alguien puede tener un mal día no significa aceptar el maltrato. Por eso, recomendó expresar con firmeza qué comportamiento resulta incómodo, explicar cómo afecta y comunicar qué se espera que cambie. Si el problema continúa, es importante acudir a los canales correspondientes dentro de la organización.
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Otro aspecto fundamental es aprender a diferenciar una crítica constructiva de una agresión. Según la psicóloga, una observación profesional busca corregir o mejorar una tarea, mientras que una descalificación ataca directamente a quien la recibe. Ningún cargo o posición de autoridad justifica las humillaciones ni la intimidación.
Para manejar estos conflictos, la especialista aconsejó controlar las emociones antes de responder, mantener una comunicación respetuosa, evitar las provocaciones y dejar constancia de los episodios reiterados de maltrato. Recordó que no se debe normalizar el sufrimiento laboral y cuando estas experiencias afectan el sueño, el estado de ánimo, las relaciones personales o la salud, buscar acompañamiento psicológico puede ser una herramienta importante.
El carácter fuerte no justifica el maltrato

En algunos espacios laborales, las actitudes agresivas suelen justificarse bajo la idea de tener una personalidad fuerte. Sin embargo, la psicóloga Patricia Cardozo aclaró que ser una persona firme no significa tratar mal a los demás. Es posible defender una opinión, expresar desacuerdos y establecer límites sin recurrir a las ofensas.
La profesional explicó que estas conductas pueden estar relacionadas con modelos de comunicación aprendidos, dificultades para manejar la frustración, necesidad de control o creencias equivocadas sobre el poder y la autoridad. También pueden mantenerse cuando el entorno las considera normales y no establece consecuencias.
Para reconocer la diferencia, Cardozo propone observar la manera en que se transmiten las observaciones. Decir “este informe necesita algunos cambios, revisemos estos puntos” permite señalar un aspecto que debe mejorar. En cambio, expresiones como “vos nunca hacés nada bien” representan un ataque personal.
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El tono, la intención y la frecuencia también son importantes para identificar cuándo una conversación deja de ser un intercambio profesional y se convierte en una forma de maltrato. La especialista insistió en que comprender por qué alguien actúa de determinada manera no significa justificar sus comportamientos.
“Comprender que cada persona tiene un carácter distinto no implica aceptar el maltrato. El respeto y los límites son fundamentales para cuidar la salud emocional en el trabajo”.
Patricia Cardozo, psicóloga.


