Aunque cada vez más mujeres trabajan fuera de casa y acceden a la educación superior, persiste una expectativa social que las relaciona principalmente con el cuidado de la familia. Según explicó Dalila Cardozo, psicóloga clínica, esta realidad responde a factores culturales vinculados con los roles de género históricos. La situación económica también influye directamente en esta repartición.
La especialista señaló que la educación recibida en la niñez resulta determinante. Mediante la socialización, la imitación de modelos familiares y el desarrollo de la autonomía, se aprende quién debe encargarse de la casa. Estas rutinas se mantienen en la adultez, incluso frente a altas presiones laborales.
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Esta desigualdad no implica solo hacer las tareas visibles, sino encargarse de la organización familiar. Cardozo detalló que la carga mental consiste en planificar, recordar y anticipar necesidades. Es un trabajo continuo que pasa desapercibido al asumirse como una simple obligación implícita femenina, impidiendo que sea reconocido como lo que verdaderamente es.
Las consecuencias del agotamiento y el reto de la crianza
La psicóloga advirtió que esta situación sostenida en el tiempo puede desencadenar profundo agotamiento emocional, irritabilidad constante y severos cuadros de ansiedad. También genera una intensa sensación de soledad, incluso cuando la mujer se encuentra acompañada por su pareja o familia, y evidentes dificultades para disfrutar de las actividades diarias de esparcimiento. Cuando las ineludibles obligaciones del hogar se suman al trabajo profesional o al estudio académico, el inmenso esfuerzo por responder a todas las expectativas externas termina afectando drásticamente el bienestar integral de la persona.
Para la profesional de la salud mental, abordar esta compleja realidad requiere transformar desde la raíz las estructuras culturales que mantienen vivos los roles de género tradicionales. La crianza es uno de los puntos fundamentales en este necesario cambio social, ya que enseñar desde la primera infancia que las tareas domésticas y de cuidado son responsabilidades compartidas por todos los miembros permite construir hábitos mucho más saludables e igualitarios a futuro.
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Cardozo consideró que las nuevas generaciones están avanzando de forma positiva hacia una mayor conciencia colectiva sobre estas históricas desigualdades, aunque reconoció que todavía queda muchísimo trabajo por delante. En ese proceso de deconstrucción, la experta destacó la vital importancia de visibilizar la carga mental diaria y comprender cabalmente que las tareas de mera organización doméstica también demandan un inmenso sacrificio de tiempo y de valiosa energía humana.

“El trabajo invisible también cansa y merece ser compartido. Reconocer esta sobrecarga cotidiana es el primer paso vital para empezar a cambiarla y lograr así una verdadera equidad familiar”.


