Un estudio realizado en 2010 por el psicólogo ambiental Mat White y su equipo encontró que las personas consideraban más agradables los paisajes naturales que incluían agua. Este trabajo impulsó nuevas investigaciones sobre los llamados espacios azules, como playas, ríos y lagos.
Según los investigadores, escuchar las olas, observar el horizonte y sentir la brisa del mar pueden ayudar a relajarse y alejarse por un momento de las preocupaciones diarias.
¿Qué hay detrás del inconfundible olor a lluvia?
Además, caminar por la arena, nadar o realizar otras actividades físicas puede contribuir al bienestar. El contacto con estos espacios también se ha relacionado con una mejor calidad del sueño y una mayor sensación de tranquilidad.
Aunque ir a la playa no reemplaza la atención profesional cuando existen problemas de salud mental, las investigaciones sugieren que pasar tiempo en contacto con la naturaleza puede ser una forma de cuidar el bienestar emocional.


