El descenso de la frecuencia íntima en las relaciones duraderas suele interpretarse como una crisis inminente, pero la ciencia del comportamiento humano ofrece otra perspectiva. El psicólogo Nicolás Palomino explicó que, para comprender este fenómeno, resulta fundamental distinguir entre el deseo espontáneo, aquel que surge sin estimulación inmediata y el deseo reactivo o responsivo, que se despierta a partir de estímulos placenteros, y la búsqueda consciente de conexión.
El especialista señaló que el modelo tradicional de la sexualidad se centró históricamente en la secuencia lineal masculina. Sin embargo, aclaró que la exploración científica del deseo responsivo, especialmente en las mujeres, cobró fuerza recién a partir de la década de 1970. Estos estudios demostraron que ambos tipos de deseo activan los mismos circuitos cerebrales vinculados al sistema de motivación y recompensa.
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Sobre la frustración recurrente en los vínculos estables, el terapeuta afirmó que la expectativa del “fuego instantáneo” es una trampa idealizada. En las relaciones recientes, el sentimiento de novedad facilita la atracción al 100%, pero con el paso del tiempo este nivel se vuelve insostenible. Palomino indicó que muchas parejas interpretan erróneamente esta disminución fisiológica como una pérdida de atracción o una disfunción, cuando en realidad responde a factores internos biológicos o causas externas como el estrés, el enojo o la rutina.
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Para contrarrestar el desgaste, el psicólogo recomendó reservar tiempo de calidad exclusivo, reduciendo interferencias como el cansancio laboral o las demandas de crianza. El profesional sugirió aplicar la focalización sensorial, una técnica que prioriza la exploración romántica, las caricias y la comunicación de preferencias, eliminando la obligación de llegar al coito. Esta planificación, concluyó, debe realizarse siempre con la libertad de continuar, modificar o detener el encuentro, evaluando juntos qué estímulos funcionan mejor para la relación.

