Sentir interés por alguien que no encaja en los cánones estéticos dominantes suele despertar dudas, alimentadas por el temor al juicio del entorno. La psicóloga Patricia Casañas explicó que la atracción no responde de manera exclusiva a la apariencia física, sino que factores como la personalidad, la sensación de seguridad y el trato cotidiano resultan determinantes al despertar el interés romántico.
Uno de los factores que pueden influir es el llamado “efecto halo”, un sesgo mental que ocurre cuando una característica positiva de alguien influye en la manera en que percibimos otras cualidades. Una persona nos gusta por su forma de ser, su personalidad puede hacer que también la percibamos como más atractiva físicamente. “De esta forma, el interés puede ir más allá de los rasgos que se consideran bellos según los modelos sociales”, agregó.
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Sin embargo, reconocer esa atracción puede resultar incómodo cuando existe preocupación por la opinión de los demás. Una mujer puede preguntarse qué pensarán sus amigas, su familia o su entorno si demuestra interés por un hombre que no encaja en los modelos de belleza más aceptados. Esa presión puede generar una contradicción entre lo que siente y lo que cree que debería gustarle.
Casañas señaló que estas ideas también están relacionadas con los roles de género que se aprenden desde la infancia. En distintos entornos sociales se espera que las mujeres sean más reservadas al demostrar interés y que no tomen la iniciativa de manera abierta. Bajo esas ideas, expresar lo que sienten puede interpretarse erróneamente como desesperación o como una señal de que están demasiado disponibles.
Cuando la opinión ajena pesa más que los propios sentimientos, pueden aparecer dificultades para expresar lo que realmente se desea, mencionó la profesional. Intentar ajustarse constantemente a las expectativas de otras personas puede afectar la autoestima, generar ansiedad social y dificultar la construcción de relaciones sinceras.
Por eso, aprender a expresar la atracción implica reconocer que sentir interés por alguien no significa perder el control ni quedar en una posición de inferioridad. Mostrar interés es una forma de abrir la posibilidad de conocer a otra persona, sin que eso obligue a mantener el vínculo si no existe reciprocidad. Dar un paso, observar cómo responde el otro y respetar los propios límites permite avanzar sin dejar de lado la autonomía.
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Patricia Casañas subrayó que no existe una única forma de definir quién debería gustarnos. La apariencia puede influir en la atracción, pero no es el único factor que interviene. Reconocer los propios sentimientos y distinguirlos de las expectativas sociales permite tomar decisiones más acordes con lo que cada persona desea, sin convertir la opinión de los demás en una condición para elegir con quién relacionarse.
“La personalidad y la forma de tratar a los demás pueden hacer que percibamos a alguien como más atractivo físicamente, mucho más allá de los modelos sociales de belleza”.

