La limerencia describe un enamoramiento muy intenso en el que la persona queda especialmente pendiente de saber si sus sentimientos son correspondidos, un concepto desarrollado por la psicóloga estadounidense Dorothy Tennov en la década de 1970.
La psicóloga Rocío Muñoz explicó que, desde el enfoque sistémico, este estado trasciende la simple atracción. Según la especialista, el fenómeno desata una necesidad compulsiva de pensar en el otro y de rastrear constantemente señales de interés en cada una de sus acciones u omisiones.
Estar enamorado también puede hacer que pensemos mucho en alguien, sobre todo al inicio de una relación, pero la diferencia está en la intensidad y en cuánto espacio comienza a ocupar esa persona en nuestra vida. La especialista señaló que, en la limerencia, puede existir una fuerte idealización y que, en algunos casos, uno termina más conectado con la imagen que construyó del otro que con la persona real.
Un punto importante es que la limerencia no es un diagnóstico psicológico. Muñoz aclaró que se trata de un concepto utilizado para describir una determinada experiencia afectiva, por lo que pensar mucho en alguien no significa automáticamente estar atravesando limerencia.
Entonces, ¿cómo saber si lo que se siente puede estar relacionado con este estado? Una de las señales más frecuentes son los pensamientos repetitivos. La persona puede pasar gran parte del día pensando en alguien, revisar constantemente si recibió un mensaje, esperar una llamada, mirar sus redes sociales o intentar interpretar cada gesto.
También pueden aparecer fantasías sobre lo que podría llegar a pasar entre ambos. Para la profesional, la incertidumbre es otro elemento que suele estar muy presente. Cuando la persona que interesa se acerca, puede aparecer mucha ilusión, pero cuando se distancia puede surgir ansiedad, tristeza o preocupación.
La incertidumbre también puede hacer que pequeñas acciones adquieran una importancia enorme. Un mensaje, una respuesta, una mirada o incluso que alguien vea una historia en redes sociales puede convertirse en una señal que la persona intenta interpretar para saber si existe interés.
Según la psicóloga, puede generarse un círculo en el que una señal despierta ilusión, luego aparece la duda y surge nuevamente la necesidad de buscar confirmación. Para identificar si esta experiencia está ocupando demasiado espacio, recomendó observar su intensidad y cuánto afecta la vida cotidiana. “Es una señal de alerta cuando cuesta concentrarse, se duerme mal, se dejan actividades de lado o se pasa gran parte del día pendiente de la otra persona”, resaltó.
También señaló que no existe una única causa detrás de la limerencia. Desde la psicología puede ser importante preguntarse qué representa ese vínculo y qué necesidades emocionales están presentes. Desde el enfoque sistémico, además, se observa cómo se construye la relación, cómo se comunican las personas, qué expectativas aparecen y si existe un patrón de acercamiento y alejamiento.
Las experiencias del pasado pueden influir en lo que sentimos, aunque cada caso es diferente. Por eso, la profesional recomendó distinguir entre lo que realmente pasó y lo que estamos imaginando, sin dejar de lado nuestras actividades, vínculos y proyectos. Cuando la situación genera mucho malestar o empieza a afectar la vida diaria, buscar ayuda profesional puede ayudar a entender qué está pasando y qué patrones se están repitiendo.

