El pasado no nos define, pero explica por qué nos cuesta confiar en la pareja

Algunas experiencias de los primeros años pueden permanecer con nosotros y aparecer tiempo después en la forma de confiar, relacionarnos, expresar emociones o reaccionar ante determinadas situaciones.

| Por La Tribuna
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Ciertas experiencias pueden quedarse con nosotros y aparecer en distintas etapas de la vida. Foto película “Aftersun”.

La psicoterapeuta Elizabeth Ovelar explicó que la infancia no determina por completo cómo será una persona de adulta, aunque sí puede enseñarle determinadas formas de relacionarse. Cuando un niño crece sintiéndose escuchado, cuidado y valorado puede desarrollar mayor confianza en sus vínculos.

En cambio, experiencias como el rechazo, la indiferencia, las críticas, el abandono o la poca expresión afectiva pueden llevarlo a aprender formas de protegerse emocionalmente. Con el paso de los años, esas formas de protección pueden aparecer en diferentes situaciones. Según la especialista, pueden manifestarse como miedo al abandono, dificultad para confiar, dependencia emocional, necesidad de controlar o dificultad para expresar lo que uno siente.

A veces, estas huellas aparecen en momentos que parecen no tener relación con el pasado. Ovelar señaló que la mente utiliza experiencias anteriores para interpretar lo que ocurre en el presente. Por ejemplo, una persona que durante su infancia sintió que no era escuchada puede interpretar que alguien no le da importancia cuando responde de manera breve, aunque simplemente esté cansado o distraído.

Esta forma de interpretar las situaciones puede generar discusiones, celos, reclamos, necesidad de comprobar constantemente el amor de otra persona o incluso llevar a un alejamiento emocional. Sin embargo, la entrevistada aclaró que no todo comportamiento actual tiene necesariamente su origen en la infancia; también es importante observar qué está ocurriendo realmente en el presente.

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Una infancia difícil tampoco significa que una persona esté destinada a repetir esas experiencias. Para Ovelar, el ser humano tiene capacidad de aprender y cambiar. Reconocer los propios patrones permite comenzar a preguntarse si una reacción corresponde a lo que está sucediendo en ese momento o a algo que se aprendió hace mucho tiempo.

La psicoterapeuta propone preguntarse: “¿Estoy reaccionando a lo que pasa ahora o a algo que aprendí hace tiempo?”. Esta reflexión ayuda a reconocer cómo el pasado influye en nuestros vínculos y, con nuevas experiencias, confianza, límites y comunicación, aprender otras formas de relacionarnos.

En una pareja, por ejemplo, aprender a decir “esto que hiciste me hizo sentir inseguro” puede ser diferente a reaccionar automáticamente con “vos nunca me tenés en cuenta”. Para la profesional, expresar lo que sucede internamente permite responder de una manera más consciente.

Desde la psicoterapia, Elizabeth Ovelar explicó que no se trabaja solo con lo que ocurre en el presente, sino también con las experiencias, los miedos y los aprendizajes que cada persona trae de su historia. Reconocer esas huellas permite comprender nuestras reacciones y cambiar ciertos patrones, porque la infancia forma parte de nuestra historia, pero no tiene por qué definir nuestro futuro.

Lo que ayuda en la infancia

  1. Sentirse escuchado y querido.
  2. Recibir contacto afectivo.
  3. Tener momentos de juego.
  4. Poder expresar sus emociones.
  5. Equivocarse sin sentir que perderá el cariño.
  6. Crecer con límites, pero también con cuidado y presencia.

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