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La trampa de la nostalgia: por qué el cerebro insiste en idealizar el pasado

Lejos de ser una simple melancolía, la nostalgia actúa como refugio ante la incertidumbre del presente. La psicóloga Andrea Bertolo explicó que los mecanismos cognitivos, sesgos de la memoria y el impacto de los filtros digitales explican nuestra tendencia a distorsionar los recuerdos.

| Por La Tribuna
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Los recuerdos adquieren nuevos significados en etapas de transición o incertidumbre profunda.

La nostalgia es una experiencia emocional compleja que combina recuerdos, creencias e interpretaciones personales. Aunque históricamente se interpretó como una condición clínica negativa o una melancolía estructural. La psicóloga Andrea Bertolo explicó que la psicología contemporánea la entiende hoy como una vivencia mixta.

Según la especialista, es una transición sutil capaz de generar alegría y ternura, pero simultáneamente tristeza por los momentos consumados. En este proceso, la memoria no almacena información de forma pasiva, sino que construye identidad y otorga continuidad a nuestra historia biográfica, demostrando que es posible coexistir armónicamente con emociones opuestas.

No obstante, existe una tendencia generalizada a recordar el pasado mejor de lo que realmente fue. Bertolo mencionó que los recuerdos adquieren nuevos significados en etapas de transición o incertidumbre profunda, momentos en los que el cerebro busca automáticamente referencias conocidas para proveer estabilidad y seguridad.

Aclaró que ningún recuerdo es cien por ciento veraz, ya que la mente no recupera los hechos de forma literal, sino que reconstruye la experiencia desde el presente a través de la reconstrucción selectiva de la memoria, un mecanismo neurocognitivo que desplaza los componentes conflictivos a segundo plano según las demandas emocionales del momento.

Ante una crisis o un presente incierto que exige cambios, evocar fragmentos agradables del pasado activa un amortiguador psicológico de familiaridad y seguridad. Desde el punto de vista adaptativo, la especialista destacó el “sesgo de afecto desvanecido”, un proceso clínico en el cual las emociones negativas ligadas a los recuerdos pierden intensidad mucho más rápido que las positivas, lo que funciona como una herramienta de supervivencia emocional para asimilar las vivencias y seguir adelante sin quedar anclados al dolor.

La nostalgia resulta beneficiosa cuando funciona como un puente conector que reactiva herramientas personales para afrontar el día a día, pero advirtió que se vuelve un riesgo clínico si se transforma en una residencia emocional permanente.

Vivir en una versión idílica del ayer devalúa la realidad actual y eleva la insatisfacción, alimentando cuadros de depresión y ansiedad al buscar certezas rígidas frente a la incertidumbre del presente. Esta fijación, según precisó la experta, dificulta la resolución de transiciones vitales inevitables, tales como los cambios laborales, las rupturas vinculares o las crisis asociadas a las expectativas sociales de cada década.

Asimismo, la especialista remarcó que para diferenciar el recuerdo saludable de la fijación crónica se debe evaluar si la evocación paraliza o actúa como un dinamizador, un conflicto que hoy se ve potenciado por las redes sociales y sus archivos digitalizados que romantizan el pasado mediante versiones editadas y con filtros estéticos.

Ante este escenario contemporáneo, Bertolo sugirió gestionar la nostalgia de manera consciente para utilizarla como un elemento de conexión biográfica y no como una unidad de medida.

“Las necesidades de calma o conexión que se extrañan del ayer son valores legítimos que todavía pueden construirse en el aquí y ahora, entendiendo que el hecho de que el presente sea distinto no significa que sea peor”.

-Andrea Bertolo, psicóloga.

¿Cómo distinguir el recuerdo afectuoso de la fijación atrapada?

El recuerdo sano: produce sensaciones de calidez, gratitud, integración de la experiencia previa y capitalización de aprendizajes para el presente.

La fijación atrapada: el pasado se convierte en el único parámetro de evaluación. El individuo experimenta que el aquí y ahora es crónicamente insuficiente o defectuoso en comparación con lo que fue.

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