Aparecen de manera involuntaria, no se eligen y, por lo general, atacan directamente las capacidades o el valor personal del individuo. Los pensamientos automáticos negativos son aquellas frases internas, como “voy a equivocarme”, “seguro está enojado conmigo” o “nada me sale bien”, que generan emociones desagradables e influyen de forma directa en el comportamiento diario.
La licenciada Mara Gómez explicó que este fenómeno tiene una raíz evolutiva. El cerebro humano se desarrolló con el instinto de detectar amenazas y reaccionar rápido como mecanismo puro de supervivencia.
“Aunque hoy nuestras preocupaciones suelen ser diferentes, este sistema de alerta sigue funcionando, por eso nuestro cerebro tiende a prestar más atención a los errores y las posibles amenazas que a las experiencias positivas”, detalló la especialista, y añadió que esta tendencia está íntimamente relacionada con el desarrollo de la ansiedad y la depresión.
El núcleo del problema radica en cómo estos pensamientos distorsionan la realidad. Gómez señaló que las personas no reaccionan únicamente a las situaciones que viven, sino a la interpretación que hacen de ellas. Si alguien anticipa que todos lo van a juzgar durante una presentación, experimentará niveles altos de ansiedad mucho antes de que el evento ocurra, desencadenados por su propia predicción y no por los hechos concretos.
Para diferenciar una preocupación útil de una exageración, la experta propuso basarse en la evidencia. Mientras que una preocupación realista permite identificar acciones para afrontar un problema concreto, la interpretación exagerada se sostiene en escenarios catastróficos que se dan por ciertos sin pruebas.
A largo plazo, esta dinámica erosiona la salud mental. “Si nos repetimos ideas como ‘no soy capaz’, es probable que empecemos a creerlas y con el tiempo esto puede hacer que confiemos menos en nuestras capacidades”, advirtió Gómez. Como consecuencia, las personas comienzan a postergar tareas o a abandonar metas importantes.
Frente a este escenario, la terapia cognitivo-conductual ofrece estrategias de contención. Aunque es imposible evitar que los pensamientos automáticos surjan, la licenciada sostuvo que se pueden identificar y modificar mediante un proceso llamado reestructuración cognitiva.
Esta técnica invita al paciente a cuestionar sus propias ideas con preguntas como: ¿qué evidencia tengo de que esto es cierto? o ¿le diría esto a alguien que quiero?
Además, mencionó el mindfulness (atención plena) como una herramienta eficaz para observar los pensamientos y aprender a dejarlos ir sin juzgarlos.
La profesional alertó sobre las señales que indican la necesidad de buscar apoyo psicológico. Aclaró que si bien todos experimentan este tipo de pensamientos en algún momento, la situación requiere atención cuando el malestar emocional interfiere en el trabajo, el estudio o las relaciones sociales. “Podés cambiar tu forma de interpretar las situaciones y construir una forma más amable de tratarte”, concluyó Gómez, recordando a quienes transitan esta situación que no están solos.










