Hay cargos que consagran carreras políticas y otros que parecen diseñados para enterrarlas. La Intendencia de Asunción tiene bastante de lo segundo. Por el sillón de Lord Mayor desfilaron dirigentes jóvenes, populares, carismáticos, algunos presentados como la gran esperanza de la nueva generación. Llegaron por la puerta grande, entre aplausos y zapateos, pero casi todos terminaron escapando por la ventana, con el prestigio hecho puré.
No sé si es una maldición, pero se le parece mucho.
La historia empezó con Carlitos Filizzola. En 1991, aquel médico que había enfrentado a la dictadura desde el Clinicazo rompió un molde: ganó la capital con Asunción Para Todos. Parecía destinado a dirigir los destinos del país… pero la “maldición de la Comuna” lo golpeó duro. Aquella extraordinaria promesa de renovación por la que tantos apostamos nunca se convirtió en el liderazgo nacional que esperábamos… fue la primera señal de alarma…
Martín Burt llegó después, en 1996, montado en una alianza opositora y con credenciales de modernizador. Exitoso empresario, aplaudido hasta internacionalmente, se lo recuerda ahora solo como “Bache-Burt”.
Enriquito Riera recuperó la capital para los colorados en 2001, tenía fuerza, tenía carisma, coloradismo ancestral, llegué a trabajar con él, se mató trabajando, los problemas no terminaban nunca. Cansado, se marchó a Buenos Aires para respirar un poco y… ¡se produjo el incendio del Ycuá Bolaños! ¡Qué barbaridad! La tragedia lo golpeó duro, pero sobrevivió y hasta hoy día sigue ocupando cargos nacionales de primera línea. No todos los elefantes quedaron en el cementerio.
Arnaldo Samaniego, el famoso “tractor amarillo”, llegó con el sello de una nueva generación colorada, pero en 2015 sufrió una derrota que cortó su aspiración de continuidad en la Intendencia.
Con Mario Ferreiro, la historia adquirió ribetes dramáticos. El popular comunicador llegó en 2015 con un caudal de simpatía formidable y la ilusión de cambiar la vieja manera de administrar la ciudad. Cuatro años después renunció en medio de acusaciones por una supuesta caja paralela. Conviene escribirlo con todas las letras: fue absuelto y esa absolución quedó firme. Pero el daño político ya estaba hecho. Mario honra hoy a la sociedad como periodista.
Y apareció Nenecho Rodríguez, joven, mediático, “un pesoca”, que derrochaba dinamismo. Arregló todo al instante, pero luego, cuando ganó la Intendencia… ¡uhhh! Su final fue bastante menos cinematográfico que su comienzo: intervención, destitución y una ciudad sumida en una profunda crisis de confianza. Probablemente, la razón de la derrota de Camilo. No sé, solo es una intuición.
Ahora le toca a Soledad Núñez. Entra con una victoria ajustada, pero legítima, y con una responsabilidad gigantesca: una Municipalidad endeudada, rebosante de “planilleros” a los que será difícil sacar, con una HJM donde los colorados la van a golear… servicios deficientes, obras pendientes y vecinos cansados de escuchar que esta vez sí llegará el cambio.
Ojalá Soledad rompa el maleficio. No por ella, ni por su alianza, sino por Asunción, que ya ha pagado demasiado caras las ambiciones y los fracasos de quienes prometieron rescatarla. Hasta ahora, el famoso cementerio tiene más lápidas políticas que monumentos a la buena gestión. La nueva intendenta está por cruzar sus puertas. Habrá que ver si logra salir caminando por la principal…


