Días sensibles

Dejaré de lado por única vez mis temas de la vida cotidiana para meterme en algo que “non mi piace”… los intríngulis políticos. Paraguay está en días…

| Por Christian Torres
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Dejaré de lado por única vez mis temas de la vida cotidiana para meterme en algo que “non mi piace”… los intríngulis políticos. Paraguay está en días sensibles y las inminentes elecciones municipales son un punto crítico así que justamente por eso, el diálogo vale más que nunca.

Hay demasiados años de estabilidad detrás como para jugar con ella ahora. Hay movimientos, diferencias, liderazgos que se acomodan, otros que buscan afirmarse y demasiadas interpretaciones alrededor de cada gesto. Nada de eso es anormal. La política es también disputa, ambición y competencia. Pero precisamente cuando aparecen tensiones es cuando más hay que hablar. Porque hay demasiado que cuidar.

Paraguay consiguió durante años algo que a veces damos por sentado: estabilidad. No una estabilidad perfecta ni una política sin conflictos, sino algo mucho más valioso. La capacidad de atravesar gobiernos, internas, rupturas, alternancias, crisis partidarias e incluso un juicio político sin que cada diferencia termine arrastrando al país entero.

Después del Marzo Paraguayo aprendimos, con enorme costo, hasta dónde puede llevar la política cuando abandona las instituciones y gana la calle de la peor manera. Pasó más de un cuarto de siglo y durante ese tiempo el país construyó una normalidad que también tuvo consecuencias económicas.

Hoy Paraguay llega a este momento con una economía que creció 6,6% el año pasado y para la cual el Fondo Monetario proyecta otro 4,4% en 2026. La inflación se mantiene contenida, las reservas internacionales rondaban los USD 11.000 millones a mitad de año y el país ya consiguió grado de inversión de dos grandes calificadoras.

Nada de eso significa que esté todo resuelto. Sigue faltando que el crecimiento llegue con mucha más fuerza al bolsillo de la gente. Sigue faltando mejor empleo, mejor salud, mejor educación y una prosperidad que se sienta con la misma claridad con que aparece en las estadísticas.

La estabilidad tiene valor económico. El inversor mira la política. El empresario mira la política. Los mercados miran la política. Y también la mira aquel pequeño comerciante que necesita saber si dentro de seis meses podrá seguir vendiendo, contratando o pagando una cuota.

Una crisis política no queda encerrada en el Congreso ni en una reunión partidaria. Baja rápidamente a la economía real.

Por eso este no es momento para agoreros ni para agitadores. Es momento de dirigentes responsables y de diálogo. Mucho diálogo.

Como quedó dicho, en pocos días Paraguay tendrá además una prueba concreta. El domingo 4 de octubre, más de cinco millones de ciudadanos están habilitados para votar en los 263 distritos del país. Habrá casi quince mil mesas receptoras y miles de máquinas preparadas para el proceso.

Que se controle todo. Que haya apoderados, veedores y observadores. Que se revisen materiales, actas, máquinas y procedimientos. Cuanta más transparencia, menos excusas.

Porque lo que necesitamos el 4 de octubre es extraordinariamente sencillo.

Que la gente vote. Que los votos se cuenten. Que gane quien tenga que ganar. Y listo.

Y que nadie encuentre en una elección municipal la excusa para provocar un conflicto político mayor.

Hay demasiados intereses en juego y demasiado esfuerzo acumulado.

Romper la armonía política puede llevar pocas horas. Reconstruir confianza lleva años. Y cuando la confianza se rompe, el costo no lo pagan solamente los dirigentes.

Lo paga el país.

Por eso, más que nunca, hay que conversar. Entre oficialistas. Entre opositores. Entre quienes hoy coinciden y quienes dejaron de coincidir. No para esconder diferencias, sino para administrarlas.

La democracia no exige que todos pensemos igual. Exige que sepamos qué hacer cuando pensamos distinto.

El lunes 5, Paraguay tendría que volver a trabajar exactamente como el viernes anterior.

Si conseguimos eso, habremos demostrado una vez más que los tiempos turbulentos de nuestra política criolla quedaron definitivamente atrás.

Y que, por encima de cualquier candidatura, liderazgo o partido, todavía somos capaces de cuidar lo más valioso.

La paz, la estabilidad y el futuro del país.

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