El vaquero tenía un ayudante, un nativo indio americano que vestía una clásica chamarra con flecos, que se llamaba Toro, que siempre aparecía cuando su amo estaba en apuros.
Una línea más nomás para recordar esta tira tan cara a mis recuerdos de niño, como otras: Roy Rogers, Red Ryder y Gene Autry, un universo maravilloso de héroes justicieros que leíamos con ansias.
“El llanero solitario” tenía incluso un revólver niquelado que disparaba balas de plata para exterminar a los malos.
Me da la impresión de que en el IPS asumió un “Llanero solitario”, un viejo marino de carácter recio, médico de toda la vida, de aquellos con la típica “guayabera” blanca que denota su condición.
El viejo almirante se metió en un lío —esquivado por algunos fundamentalistas y aceptado por otros, no tanto— como es administrar ese inmenso mar de necesidades, opacidad y obsolescencia llamado IPS.
Habrá que ver si su nave soporta las tempestades que allí acechan y logra llevarla al resguardo de un puerto seguro.
Mirando desde fuera y un poco desde adentro, como la inmensa mayoría de la población, le anoto al almirante cuál debe ser su brújula inicial. Y creo que las primeras medidas que tomó para calafatear su barco son correctas: 1) Que la farmacia tenga de inmediato medicamentos esenciales, de uso frecuente; y 2) Que se solucione el problema de los turnos para consultas, estudios e intervenciones. Para esto último hacen falta más médicos, equipos diversos (todos reventados por el uso sin respiro) e insumos varios. Hay que tratar desesperadamente de acortar la inmensa lista de espera de los pacientes, que actualmente es injustificable.
El viejo marino está en un mar turbulento. Tiene las agallas, tiene la guayabera de los médicos honestos, debe guiar cuidadosamente el timón de su vetusta nave en unas aguas procelosas, peligrosas como un tsunami.
¡¡¡Que Dios te acompañe, Dr. Isaías Fretes, que posiblemente este es el desafío más grande de tu larga vida profesional!!!


