Opinión

Llega la época más aburrida: el Mundial

Por: Nahuel Ayala

| Por La Tribuna

Para mí, el Mundial es, casi siempre, el momento más aburrido del calendario. Lo digo en voz baja porque en nuestros países eso suena a herejía. Mientras medio mundo organiza asados, cábalas y conversaciones tácticas, yo suelo sentir que empezó una larga temporada de euforia obligatoria. Hay una pedagogía social del entusiasmo: durante un mes pareciera que todos debemos vibrar del mismo modo, padecer del mismo modo y hasta narrar del mismo modo. Y yo, la verdad, nunca terminé de aprender ese idioma.

Por eso me interesa tanto leer a quienes sí encontraron en el fútbol una forma de emoción verdadera. Eduardo Sacheri, por ejemplo, hizo del fútbol una cantera literaria: “Esperándolo a Tito” no solo terminó dándole nombre a uno de sus libros más conocidos, sino que además consolidó esa asociación entre literatura y pelota que él mismo ha reivindicado más de una vez. En entrevistas ha dicho que el fútbol y la literatura hacen “un lindo matrimonio”, y también recordó que su primera trascendencia pública vino justamente por sus cuentos futboleros, muy leídos por Alejandro Apo.

Yo los leo y reconozco el talento, la humanidad, la épica mínima del barrio. Pero me pasa algo ingrato: admiro la música, aunque no me conmueve del todo la letra.

Con Casciari me ocurre una identificación más tramposa. Tiene un texto genial, “Nunca me importó el fútbol”, donde confiesa esa distancia que muchos esconden para no desentonar. Pero hasta él, que supo declararse ajeno, terminó encontrando una entrada sentimental en “La valija de Lionel”, la crónica sobre Messi que, según contó la prensa, hizo llorar al propio Messi. Ahí entendí algo: tal vez el fútbol no enamora solo por el juego, sino por la historia que permite contar sobre la pertenencia, la infancia, el desarraigo o la esperanza.

A mí el Mundial me sigue pareciendo, en esencia, bastante aburrido. Pero esta vez hay una grieta en mi escepticismo. Volvimos después de 16 años y tenemos un técnico como Gustavo Alfaro, de esos que convierten la prudencia en ilusión. Paraguay volvió a clasificarse a una Copa del Mundo 16 años después de Sudáfrica 2010, y Alfaro sigue al frente del equipo en la fecha FIFA de marzo de 2026. Y eso, inesperadamente, también nos toca a los que nunca fuimos aficionados. Tal vez no me emocione el fútbol. Tal vez me emocione, apenas, la posibilidad de volver a creer con los demás.

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