El arte de sanar: cómo un cuento transforma las aulas en refugios

Sandra da Silva transformó casos reales en Anita Mandarina, un proyecto que une literatura y arte. Con mucha creatividad, los niños encuentran un espacio seguro donde reflexionar, alzar la voz, sanar sus heridas y aprender a defender plenamente todos sus derechos hoy.

| Por La Tribuna
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Sandra da Silva, creadora de Anita Mandarina, apuesta por el arte y la lectura para transformar la realidad de los niños y devolverles la voz.

Toda iniciativa nace de una inquietud. Para la docente y artista Sandra da Silva, el doloroso caso de Felicita Estigarribia en el 2004 encendió una chispa. Tras años de reflexión, en el 2017 decidió actuar desde su lugar como educadora, creando el premiado corto audiovisual “Con olor a mandarina”.

Sandra sabía que la niñez vulnerada necesitaba un lenguaje humano y esperanzador. Ella conocía de cerca las carencias: creció en Capiatá, sin luz eléctrica, sacando agua de pozo y compartiendo con niños que iban descalzos a la escuela o vendían en las calles antes de entrar a clases.

A partir de esa conexión con la realidad, la historia evolucionó para llegar a las aulas. “No quiero que Anita Mandarina sea solo un personaje. Quiero que sea una puerta para que puedan observar su realidad, imaginar alternativas y producir algo propio”, explica la creadora.

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Del cuento a la conciencia activa

La obra se transformó en “Anita Mandarina - Leer, Contar, Crear”, una experiencia que une literatura, arte, juego y escritura. Su premisa lo resume todo: “Leer para imaginar. Contar para expresarnos. Crear para hacer verdaderamente propia la historia que se relata”.

Las jornadas educativas se organizan en cinco etapas fundamentales: descubrir; leer, ver y escuchar; conversar; crear; y compartir. Esta metodología permite que cada estudiante se aproxime a la temática desde el lenguaje que más le resuene, ya sea dibujando, actuando o escribiendo.

“La historia puede empezar en un cuento, seguir en una ilustración y terminar en un texto. No todos entran a la lectura por la misma puerta”, sostiene Sandra. Esta dinámica evita que sean simples receptores y los vuelve creadores de universos seguros, libres y sanadores.

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Un refugio creativo ante el peligro

El gran quiebre para expandir este universo fue la pandemia. Al revisar estadísticas del Ministerio de la Niñez (MINNA), Sandra notó que las llamadas al Fono 147 saltaron de 300 a 900. El peligro para muchos niños acechaba tristemente dentro de su propio entorno familiar.

Ante esta urgencia, el equipo adaptó los recursos como herramientas de iniciación a la lectura y escudos protectores. Crearon cuentos en cuatro idiomas, acompañados de muñecos de tela y kits para colorear, convencidos de que el arte facilita la libre expresión de emociones.

Estos valiosos elementos actúan como un detonante amigable. Al jugar, los niños exploran cómo cuidarse de extraños y qué hacer ante riesgos, abriendo canales de comunicación que, de otra forma, permanecerían cerrados por el miedo, brindándoles voz para defenderse.

Más que un libro, una herramienta de prevención: el material didáctico que ayuda a romper el silencio sobre la vulnerabilidad infantil.
Más que un libro, una herramienta de prevención: el material didáctico que ayuda a romper el silencio sobre la vulnerabilidad infantil.

El impacto en las aulas y familias

La respuesta de la comunidad validó el esfuerzo. Al aplicar estas herramientas, los docentes demostraron gran capacidad para activar protocolos de seguridad ante estudiantes vulnerados. La escuela se reafirmó como un medio vital para proteger a la niñez y contener a la familia.

El mayor logro del proyecto trasciende las aulas: es la profunda concienciación comunitaria. Sandra relata con emoción cómo los niños juntan monedas para adquirir el libro y, lo más impactante, cómo los padres se acercan tras las actividades para confesar: “Yo también fui una Anita”.

Para sostener esto, Da Silva coordina a diez mediadores, incluyendo artistas y educadores. Su incansable labor fue declarada de interés por el Minna, la Secretaría Nacional de Cultura y el Ministerio de Educación, validando su tremendo impacto en el tejido social.

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Expandiendo la red de protección

Este proyecto nació a pulmón. Sandra lo impulsó concursando por fondos públicos como el Fondec. Fue nominada a los Premios Mipymes y como Emprendedora Cultural, aunque el gran desafío para acelerar la creación y llegar a más escuelas sigue siendo la financiación.

El sueño continúa. El universo crecerá como “Anita y sus amigos”, visibilizando otras realidades urgentes bajo nombres ficticios, como la historia de Yuyu. La meta es crear más materiales didácticos y talleres de prevención.

Anita Mandarina demuestra que un libro o un simple juego son mucho más que entretenimiento. Son herramientas que abrigan, enseñan a poner límites y empoderan. Con creatividad y educación, esta iniciativa paraguaya construye un futuro donde cada niño tenga espacio para sanar.

La palabra del día

Catarsis

Definición: Efecto purificador y liberador que causa el arte o una vivencia profunda.

Este concepto define el impacto de Anita Mandarina. La suma de lectura, ilustración y expresión lúdica no solo educa, sino que permite a los niños canalizar emociones difíciles. Al crear y contar sus propias historias, los menores logran romper el silencio, exteriorizar sus miedos y transformar su realidad en un espacio seguro, lleno de sanación y esperanza.

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