La recuperación de los espacios públicos es una de las misiones ciudadanas más nobles. En el tradicional barrio Virgen del Huerto de Asunción, la plaza Acosta Ñu vive un verdadero renacimiento. Lo que años atrás se había convertido en un lugar evitado por la inseguridad, hoy vuelve a palpitar con la energía de niños, jóvenes y familias. En el centro de esta transformación está el incansable trabajo de los propios vecinos, quienes decidieron no rendirse ante el abandono y reclamar lo que por derecho les pertenece.
El resurgir tras años de oscuridad y temor
Este movimiento vecinal inició hace 18 años, cuando un grupo de lugareños se organizó con un objetivo claro: rescatar la plaza Acosta Ñu. “Nuestra principal preocupación era la seguridad. La plaza se había vuelto un lugar que los vecinos evitaban”, recuerda Sandra dos Santos, presidenta de la comisión que lleva adelante esta iniciativa. En aquel tiempo construyeron camineros de asfalto, pero el mantenimiento decayó. Con los años, la oscuridad regresó.
El punto de inflexión fue observar un caso de éxito cercano. “Ver lo que nuestros vecinos lograron en la plaza Herminio Giménez nos animó a retomar aquel trabajo”, confiesa Dos Santos. Así, hace tres meses volvieron a organizarse. Este grupo impulsor reúne a los pioneros de hace casi dos décadas con nuevos vecinos del sector comprendido por las calles Sgto. Gauto, José Ribera, Tte. Villamayor y Diego de Silva y Velázquez. Hoy, se emocionan al ver lo logrado en poco tiempo, imaginando la plaza llena de vida.
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Trabajo conjunto: seguridad e infraestructura
La recuperación requería un firme apoyo institucional. Dialogando con la comisión de la plaza Herminio Giménez, lograron el nexo con la Municipalidad de Asunción. Desde entonces, el respaldo gubernamental y del Ministerio del Interior fue clave para abordar su mayor urgencia: la seguridad integral.
Con la tranquilidad garantizada, iniciaron las obras estructurales. “La recuperación empezó por necesidades fundamentales, como mejorar la iluminación y la pintura”, explica la presidenta. Estas mejoras abrieron paso a otras intervenciones para convertir el predio en un epicentro deportivo y de encuentro. Financiar esta tarea fue posible gracias a un modelo de gestión colaborativa. El proyecto avanza sostenido por donaciones de vecinos, aportes de empresas privadas y la valiosa mano de obra de la municipalidad. Esta sinergia demuestra que, trabajando unidos, el objetivo de tener un sitio seguro para disfrutar y cuidar entre todos es completamente posible.

El valor de los recuerdos y un mensaje al país
Más allá de la infraestructura, el verdadero éxito de la comisión es intangible. “La mayor satisfacción es volver a ver a las familias reunidas en la plaza, a los niños felices, jugando y haciendo deporte, y a los vecinos sintiéndose parte de una comunidad unida”, afirma Sandra. Buscan construir un legado, recuperando esa infancia al aire libre que muchos vivieron y que forja recuerdos hermosos para toda la vida. “Si logramos que los niños de hoy tengan esos recuerdos, el esfuerzo habrá valido la pena”, subraya.
Finalmente, deja un mensaje a otras comunidades. Les pide que se animen a dar el paso inicial. Reconoce que el proceso exige largas horas de trabajo, trae desacuerdos y resistencia al cambio. “No diré que todo es color de rosa, pero la satisfacción de aportar un granito de arena es más grande”, asegura. Su testimonio es un llamado a la acción: cada plaza recuperada es un lugar lleno de vida, y trabajar junto a las instituciones para construir un país mejor es tarea de todos.
La palabra del día
Mancomunidad
Definición: Unión de personas, entidades o esfuerzos para lograr un fin común.
El renacer de la plaza Acosta Ñu es el ejemplo perfecto de este concepto. No fue un logro aislado, sino el resultado de entrelazar el empuje vecinal y sus donaciones con la mano de obra de la municipalidad. Esta unión de voluntades demuestra que, cuando las instituciones y los ciudadanos actúan como un solo equipo, multiplican su fuerza y logran transformar su realidad.


