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Autogestión y compromiso, la nueva cara de la plaza Herminio Giménez

Impulsadas por el deseo de que sus hijos recuperen la vida de barrio que ellas disfrutaron, las vecinas Karina Esculies y Sady Sarquis transformaron …

| Por La Tribuna
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Compromiso en acción: la comisión vecinal de la Plaza Herminio Giménez, liderada por Karina Esculies y Sady Sarquis, durante el encuentro cultural que marca el inicio de una nueva etapa para el barrio.

Impulsadas por el deseo de que sus hijos recuperen la vida de barrio que ellas disfrutaron, las vecinas Karina Esculies y Sady Sarquis transformaron la plaza Herminio Giménez en un complejo de referencia. Con canchas de fútbol, básquet, escenarios al aire libre y una comunidad organizada en una nueva comisión vecinal, este espacio del barrio Mariscal López demuestra que la seguridad se construye habitando y cuidando el entorno común durante todo el día.

En el barrio Mariscal López de Asunción, la plaza Herminio Giménez se ha convertido en el escenario de una transformación que redefine la gestión de los espacios públicos en la capital. Lo que durante años fue un terreno con escaso cuidado y con falta de mantenimiento, hoy se erige como una plaza modelo, un proyecto que busca inspirar a otros puntos de la ciudad mediante la creación de un área diseñada para la vida, el arte y el encuentro comunitario.

Esta renovación no nació de un presupuesto municipal aislado, sino de la determinación de dos vecinas, Karina Esculies y Sady Sarquis, quienes lideraron la tarea de recuperar la funcionalidad y la estética de este rincón emblemático.

La motivación principal de Karina y Sady fue profundamente personal y generacional: el deseo de que sus hijos pudieran disfrutar de una “vida de barrio” auténtica, tal como ellas lo hicieron en su infancia. El objetivo era devolverles un espacio seguro donde jugar y crecer en comunidad, transformando un lugar que solía percibirse como peligroso o vacío en un entorno habitado y vibrante durante todo el día. Para estas madres, la seguridad de la plaza no depende solo de rejas o guardias, sino de la presencia constante de vecinos que se apropian del lugar.

La intervención integral ha dotado a la plaza de instalaciones de primer nivel. Hoy cuenta con un escenario para eventos al aire libre, canchita de arena, de básquet, fútbol 5, además de jardines cuidados y juegos infantiles completamente renovados. Para garantizar que este oasis verde permanezca en el tiempo, el siguiente gran objetivo es la instalación de un sistema de riego automático. Mientras tanto, el compromiso vecinal es el motor que sostiene el lugar: los propios habitantes del barrio se han organizado para turnarse en el riego, el cuidado y la vigilancia constante del espacio.

Esta movilización ciudadana ya ha dado un paso hacia la institucionalidad con la formación de una comisión vecinal, que actualmente se encuentra a la espera de la aprobación municipal para ser formalizada legalmente. Este respaldo administrativo será clave para consolidar las alianzas estratégicas que ya han aportado conocimiento técnico en arquitectura y paisajismo. El diseño actual utiliza materiales autóctonos como ladrillo revocado y mosaicos calcáreos, garantizando que las mejoras sean duraderas frente al uso intenso y el clima.

Uno de los pilares de esta remodelación fue responder a la necesidad de infraestructura para la pausa diaria. Se construyeron bancos y mesas fijos concebidos como “pequeñas islas” de convivencia, que combinan el diseño moderno con el oficio artesanal. Así, la plaza es utilizada activamente tanto por trabajadores de la zona durante el mediodía como por familias al atardecer.

El resultado es un espacio que equilibra la funcionalidad deportiva con la calidez del encuentro social. La sinergia entre la iniciativa ciudadana y la colaboración de distintos sectores demuestra que la unión de esfuerzos genera impactos permanentes. La plaza Herminio Giménez es hoy un símbolo de urbanismo participativo en el barrio Mariscal López, un recordatorio de que la ciudad que soñamos para las nuevas generaciones empieza por recuperar, con las propias manos, el corazón de nuestras manzanas y demostrando que la ciudad se construye mejor cuando la comunidad se apropia de sus plazas y las transforma en motores de bienestar y encuentro.

Recuperar la infancia: donde antes hubo abandono, hoy hay sonrisas que confirman el éxito de un espacio habitado y custodiado por la propia comunidad.
Recuperar la infancia: donde antes hubo abandono, hoy hay sonrisas que confirman el éxito de un espacio habitado y custodiado por la propia comunidad.

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