Julieta María Méndez Romero, investigadora formada en Odontología por la Universidad Nacional de Caaguazú (UNCA), representa una de las narrativas más potentes de la ciencia paraguaya contemporánea: la comprobación palpable de que es posible producir conocimiento de impacto global desde territorios históricamente relegados. Recientemente galardonada por la Dirección General de Investigación Científica y Tecnológica de la Universidad Nacional de Asunción (DGICT-UNA) con el Premio Mujeres Paraguayas en la Ciencia – 2025, su trayectoria se instala en el centro de un debate crucial sobre visibilidad y equidad territorial. Su historia no es solo la de un éxito académico, sino la de una lucha constante contra la centralización, demostrando que desde el interior del país también se puede hacer ciencia de primer nivel.
Talento descentralizado: la ciencia exige condiciones
El trabajo de Méndez Romero, desarrollado en gran medida desde la ciudad de Coronel Oviedo, rompe con el paradigma de que la investigación de excelencia es exclusividad de la capital. “Desde el interior también se puede producir ciencia de calidad internacional”, afirma la investigadora, sintetizando el motor de su recorrido profesional. No obstante, su éxito no oculta las graves deficiencias estructurales del sistema. “En el interior hay talento, ideas y compromiso. Lo que muchas veces faltan son condiciones”, advierte. Esta reflexión subraya una agenda pendiente para el Estado: la urgencia de dotar de infraestructura y presupuesto a los investigadores que deciden apostar por sus comunidades. El galardón que la distingue es la consolidación de un esfuerzo de más de una década, marcado por renuncias, trabajo autofinanciado, fe y perseverancia frente a la adversidad.
Maternidad y academia: el costo invisible del éxito
Más allá de las barreras geográficas, el testimonio de Julieta adquiere una densidad humana al cruzar la ciencia con el género. “Como madre, lo más difícil fue dejar por períodos a mis niñas para poder formarme en el exterior. Eso no se ve en un currículum, pero está detrás de muchos logros”, confiesa. Esta realidad visibiliza los enormes sacrificios personales que exige el sistema académico actual. Muchas mujeres científicas avanzan haciendo auténticos malabares entre la crianza y sus investigaciones. Méndez Romero exige un cambio profundo en los criterios de evaluación institucional. No aboga por reducir las exigencias metodológicas, sino por construir un andamiaje mucho más justo, empático y humano, que reconozca verdaderamente los tiempos de la maternidad, los trabajos de cuidado y las trayectorias diversas que enriquecen el campo científico nacional.

Resistencia, tecnología y compromiso con la equidad
En el plano investigativo, su labor aborda urgencias sanitarias críticas. Su enfoque en la resistencia antimicrobiana busca frenar la prescripción excesiva de antibióticos en odontología, un problema atizado por prácticas defensivas. “El cambio no será posible solo con guías clínicas; necesitamos educación profesional y comunitaria”, enfatiza. A esto suma la innovación, explorando cómo la inteligencia artificial puede apoyar las decisiones clínicas con recursos limitados, siempre complementando al juicio humano. Pero su compromiso trasciende los consultorios, adentrándose en las prisiones al estudiar la transmisión de la tuberculosis, recordando que lo que ocurre intramuros afecta a toda la sociedad. Su mensaje final es un faro de esperanza para las nuevas generaciones de mujeres: el origen geográfico no es una limitación, y la ciencia descentralizada es una potente herramienta transformadora.
La palabra del día
Tenacidad
Definición: Fuerza que impulsa a continuar con empeño y superar todo obstáculo.
El concepto de tenacidad encarna la historia de Julieta Méndez. Su labor desafía las carencias del interior y las barreras de la maternidad. Con talento y firmeza, demuestra que es posible vencer la desigualdad para crear ciencia descentralizada y de impacto global.


