Ciri Díaz nació en la ciudad de Horqueta. Su crianza siempre estuvo ligada al campo. Creció en una familia de trece hermanos; cinco de ellos fallecieron por las duras dificultades de la época rural. “En sus brazos se le moría su hijito a mi mamá por falta de móvil”, recuerda. Desde muy pequeña, el trabajo en equipo fue fundamental. Su madre organizaba las tareas de forma rotativa: una semana tocaba lavar, otra limpiar y otra, cocinar. Fue así como Ciri dio sus primeros pasos entre las ollas y sartenes, descubriendo una vocación verdaderamente gigante.
Al llegar a la juventud, el destino la llevó a Asunción y luego a Luque, donde formó su familia. Emprendió junto a su esposo una hamburguesería que ganó gran fama local. Tras divorciarse, ella se encontró sola al cuidado de sus tres hijos. Lejos de rendirse, la necesidad avivó su ingenio. Comenzó a vender pastafrolas y tortas marmoladas, demostrando resiliencia. Su ambición no se detuvo: a los 54 años ingresó al instituto de lenguas con el sueño de aprender francés y de migrar a Canadá. Pero ese proyecto quedó truncado. Su enorme esfuerzo la llevó a capacitarse en gastronomía en el SNPP, donde luego de presentar su carpeta, se convirtió en una queridísima docente con un talento admirable.
El salto digital y la creación de Ciricocinapy
La transición de Ciri de las aulas a las pantallas no fue planeada, sino impulsada por sus propios alumnos y familiares. Fue un estudiante de marketing quien le sugirió por primera vez abrir una cuenta en TikTok. Inicialmente, ella rechazó la idea. “No me veo haciendo esas cosas”, pensaba. Sin embargo, la constante insistencia de sus hijos, especialmente de Marcelo, quien hoy actúa como su excelente mánager y editor, la convenció por fin de dar el salto. De esta forma, subió su primer video preparando una riquísima tortilla paraguaya que cautivó a todos los usuarios.
Hoy, a sus 67 años, graba con orgullo desde la cocina de su hogar. Lo que comenzó como un pasatiempo se transformó en un fenómeno viral. Marcas y restaurantes comenzaron a contactarla, encontrando en ella a una figura auténtica, carismática y profundamente conocedora de la cultura popular. Pero más allá del éxito, Ciri encontró un propósito mucho más noble en las redes sociales: convertirse en la firme guardiana de aquellos platos tradicionales que el tiempo y la modernidad amenazaban con sepultar. Su bella misión es ya clara y su legado será absolutamente eterno.

El rescate de la gastronomía local y olvidada
El corazón del proyecto de Ciri es la divulgación de recetas que las nuevas generaciones desconocen por completo. En sus videos, se puede aprender a preparar recetas desconocidas para algunos y nostálgicas para otros como el kyrype, jukysy, mandi’o mbokaja, kaguijy, reviro, rora, candial y el kiveve. “Los jóvenes de ahora ven mis comentarios y dicen que es un invento, pero no lo es”, destaca. Ella relata cómo estos platos nacieron de la necesidad en el campo, cuando ingredientes como la harina eran muy inaccesibles y la mandioca era el pilar. “La gente no tenía qué comer, hacían su rico almidón y de lo que salía consumían. Era comida sencilla, pero súper sana”, detalla. Su gran labor no está exenta de críticas. A menudo se enfrenta a “haters” o usuarios que discuten la autenticidad de las preparaciones sin comprender que la gastronomía varía según cada región. A pesar de los detractores, su mayor satisfacción es ver cómo la gente vuelve a cocinar estas joyas dormidas. Para el futuro, Ciri desea seguir enseñando y anima a otras mujeres a perder el miedo. “Si sale, sale, y si no, amóntema”, concluye con una sonrisa, dejando su gran legado al Paraguay.
La palabra del día
Legado
Definición: Aquello que se deja o transmite a los sucesores, sea material o inmaterial.
El concepto de legado encarna perfectamente la misión de Ciri Díaz. Al recuperar todas estas valiosas recetas tradicionales que el tiempo ha ido olvidando, ella no solo educa a las nuevas generaciones paraguayas, sino que asegura que la auténtica identidad cultural sobreviva y perdure.


