Doña Amalia Carbajal, como todos la conocen, llegó a Paraguay hace 22 años, dejando atrás su vida en Santiago y su trabajo en la Conferencia Episcopal de Chile. Jubilada de forma anticipada y casada con un paraguayo, decidió instalarse definitivamente en Curuguaty. El choque cultural fue innegable. El cambio de una inmensa metrópolis a una zona rural, el clima desafiante y la ineludible barrera del idioma guaraní fueron duros obstáculos. Sin embargo, su férrea vocación de servicio la impulsó a integrarse.
“Costó, pero el ser humano se adapta fácilmente. La gente es muy acogedora en Paraguay y no tuve problemas en ese sentido”, recuerda. Desde el primer día, se puso a entera disposición de la parroquia local, trabajando como laica en liturgia y catequesis. Esa profunda vocación humanitaria sería la gran semilla de un proyecto solidario que transformaría para siempre la dura realidad de cientos de curuguateños.
Quince años de calor humano y ollas llenas
El servicio de desayuno comenzó hace exactamente 16 años, un día de febrero. La noble iniciativa nació junto al entonces párroco, el padre Balbino, al notar la crítica situación de las personas que acampaban de madrugada frente al hospital de Curuguaty para conseguir un turno. Al percatarse de que el centro de salud no proveía alimentos a los enfermos ni a sus acompañantes, Amalia puso manos a la obra.
La rutina de Amalia es absolutamente comprometida. A las 5:30 de la mañana, desde la cocina de su propia casa, prepara 20 litros de cocido con leche. Luego, en su vehículo, inicia su recorrido estratégico. No es un comedor estático; el desayuno va directamente hacia donde esté la necesidad. Su ruta incluye las instalaciones del hospital local, la comisaría, los humildes barrios María Auxiliadora y San José Obrero, y las calles donde pasan la noche personas sin hogar.
Históricamente, este gran esfuerzo humano alcanzó a cobijar a 60 personas diarias e incluyó también un providencial servicio de almuerzo que funcionó ininterrumpidamente durante 15 años. Todo el andamiaje operativo del comedor se sostuvo mediante pura autogestión: donaciones de supermercados, panaderías locales, empresas privadas como Lactolanda e incluso aportes esporádicos de diversas instituciones públicas. Durante los tiempos más duros de la pandemia, el servicio simplemente mutó y se adaptó a la modalidad de ollas comunes para poder seguir asistiendo a la comunidad.
El futuro de la solidaridad en Curuguaty
Actualmente, Amalia y su familia financian íntegramente de su propio bolsillo la compra del pan, cubriendo a diario la ración matutina de unas 40 personas desamparadas. Su esposo y su hija, María Francisca, conforman el pilar fundamental que mantiene en constante movimiento el vehículo solidario.
Lejos de siquiera pensar en el descanso, Amalia proyecta ampliar considerablemente su servicio social. La reciente creación administrativa de la Diócesis de Canindeyú representa para ella una inmejorable oportunidad para estructurar y expandir formalmente la Pastoral Social en Curuguaty, una de las parroquias más grandes de la región. “Entrar a descansar es difícil para uno que está acostumbrado a estar siempre activo. Hay mucha necesidad y no hay este servicio así en la ciudad”, afirma con firme convicción.
Para Amalia Carbajal, el único pago por estas casi dos décadas de entrega absoluta no se contabiliza en monedas, sino en gestos humanos. Ella se emociona visiblemente al recordar a pacientes dados de alta que, semanas después, regresan cargando bolsas de mandioca en señal de gratitud. Ver a una madre campesina abrigada, organizar canastas navideñas para familias vulnerables o conseguir pañales para los enfermos son su mayor y verdadera recompensa. “Es profundamente gratificante poder brindar una pequeña tranquilidad a esas familias que no tienen absolutamente nada”, concluye la incansable voluntaria.
La palabra del día
Perseverancia
Definición: Constancia y firmeza en la manera de ser o de obrar.
El concepto de perseverancia resume la misión de Amalia. Levantarse cada madrugada durante 16 años prueba que el amor sostenido vence todos los obstáculos. Su cocido diario no es solo alimento; es una promesa inquebrantable de cobijar a los más olvidados de Curuguaty, demostrando fielmente que la verdadera vocación de servicio jamás se rinde.


