La selva paraguaya guarda secretos que solo quienes la habitan con respeto logran descifrar. En el departamento de Alto Paraná, donde el Bosque Atlántico aún resiste con fuerza, un grupo de 60 mujeres ha decidido que el destino de su comunidad no es la migración, sino el arraigo a través de la innovación.
La Asociación de Mujeres Virgen del Rosario de Tavapy II no es solo una organización productiva; es un modelo de resistencia, gobernanza y visión de futuro que está transformando un producto emblemático en una herramienta de cambio global. Esta historia de éxito no surgió en el vacío, sino que encontró un catalizador fundamental en el Proyecto Mate de WWF, una iniciativa que entre el 2017 y el 2021 sembró las bases de lo que hoy es una realidad tangible. Los objetivos eran claros y ambiciosos: mejorar la calidad de vida en cinco comunidades rurales, incrementar la resiliencia ante la crisis climática y, sobre todo, empoderar a mujeres y jóvenes para frenar el desempleo que fragmenta a las familias.
Bajo este paraguas de cooperación, la asociación se fortaleció en sus cimientos. Hoy cuentan con su propio local y molinos, lo que les permite procesar y enviar hojas semimolidas a cualquier rincón de Paraguay. Pero lo que realmente distingue a este grupo es su modelo de gobernanza. Con elecciones anuales y una estructura formalizada, estas mujeres han construido un escudo institucional para proteger su identidad y su producción.
El impacto social es emocionante y profundo: el desarraigo, ese fantasma que históricamente ha vaciado los campos paraguayos, está siendo derrotado. Sus hijas, muchas de ellas ya convertidas en ingenieras agrónomas o técnicas agropecuarias, están volviendo a la comunidad. Ya no regresan para trabajar la tierra desde la escasez, sino para aplicar sus conocimientos profesionales en el negocio familiar, cerrando un círculo virtuoso de educación y pertenencia que asegura el relevo generacional en el campo.
El núcleo de su innovación es “La hoja completa”. Motivadas por este lema, la asociación se ha especializado en la producción de yerba mate comestible, un rubro de renta totalmente disruptivo.
No se trata simplemente de la yerba tradicional para el mate o el tereré; estas mujeres seleccionan cuidadosamente hojas que pueden ser integradas en la alta pastelería, bebidas gourmet y coctelería de autor. La particularidad de su producto radica en su origen: gran parte de la producción es silvestre y las plantas cultivadas en sus terrenos mantienen la genética original del bosque. Este respeto por la biodiversidad es lo que garantiza un sabor y una calidad inigualables.
Producir sin destruir ha sido la consigna compartida con WWF, demostrando que la rentabilidad económica y la salud del ecosistema pueden, y deben, caminar de la mano. Al agregar valor a la materia prima mediante procesos gastronómicos —como tortas y preparaciones innovadoras—, estas mujeres rurales están logrando que la conservación del bosque sea el negocio más rentable de la región.
El panorama para este año es excepcionalmente alentador. Gracias a las abundantes lluvias, estiman una cosecha récord que oscilará entre los 15 y 25 mil kilos de hojas. Esta abundancia no es solo un número en una balanza; representa la consolidación de una economía local orgánica que preserva el monte mientras genera ingresos dignos.
En una muestra clara de su potencial, la yerba mate comestible del Bosque Atlántico será la gran novedad en el primer campeonato mundial de la yerba mate, a celebrarse en Buenos Aires a principios de junio. De la mano de profesionales paraguayos, este producto competirá en el escenario internacional, posicionando a Paraguay como un referente indiscutible en innovación sostenible.
Es la prueba de que cuando las comunidades se empoderan y reciben el apoyo técnico adecuado, los recursos naturales dejan de ser solo paisaje para convertirse en el motor de una nueva era de desarrollo humano. Estas 60 mujeres nos enseñan que el futuro es verde, es femenino y, sobre todo, es profundamente nuestro.


