San José (EFE). La inmensidad oceánica ya no es sinónimo de invisibilidad. La revolución tecnológica se posiciona hoy como el principal aliado para conservar los ecosistemas marinos y gestionar de forma sostenible los recursos pesqueros. Al recolectar datos de posicionamiento satelital de flotas comerciales y gracias a los gobiernos que deciden compartir su información, la humanidad por fin tiene “ojos en el mar”. Este avance sin precedentes permite entender en tiempo real qué sucede tanto en aguas nacionales como en alta mar.
El Pacífico Este Tropical: Un corredor de cooperación
El Pacífico Este Tropical (PET) ha emergido como un ejemplo internacional de cooperación diplomática y ambiental. Este vital corredor marino, que entrelaza estratégicamente a Costa Rica, Ecuador, Panamá y Colombia, alberga joyas naturales indiscutibles: la Isla del Coco, las Galápagos, la isla Coiba y el santuario de Malpelo. Durante décadas, la intensa actividad pesquera en esta región operaba bajo absoluto misterio, amenazando la biodiversidad y las rutas migratorias.
Hoy, la ONG internacional Global Fishing Watch (GFW) ofrece una plataforma digital gratuita que compila información satelital pública y bases de datos gubernamentales. Esta monumental herramienta genera un mapa interactivo con miles de embarcaciones con un objetivo directo: facilitar análisis científicos, detectar pesca ilegal no declarada y respaldar las acciones de conservación con pruebas irrefutables.
Tecnología satelital contra la opacidad
Mónica Espinoza, líder para América Latina de Programas de GFW, señala que esta transformación marca un hito para la ecología: “Con la revolución de la tecnología, los satélites y el monitoreo que llevan las embarcaciones para evitar colisiones, podemos entender qué está sucediendo. Tenemos ojos en el mar; ya no tenemos solo un mapa terrestre, ahora accedemos a un mapa oceánico”, subraya a EFE.
El sofisticado sistema de GFW se nutre de fuentes de altísima precisión. Procesa constantemente datos del Sistema de Identificación Automática (AIS), originalmente diseñado para prevenir colisiones navales, suma los valiosos datos VMS de vigilancia gubernamental directa e integra imágenes de radar satelital. Según detalla Espinoza, el cruce de estas variables con condiciones ambientales permite una comprensión holística inigualable. “No es únicamente entender dónde están los barcos y la actividad humana, sino también relacionarlo con la temperatura del mar, especialmente ahora que viene un súper fenómeno de El Niño. Observamos cómo esta interacción puede afectar al sector, cómo se distribuyen los nutrientes y entendemos mejor los patrones migratorios biológicos”, comentó.
Transparencia en las áreas protegidas
Este paradigma tecnológico consolidó el concepto de “transparencia pesquera”. Naciones como Costa Rica, Panamá, Ecuador, Chile y Perú ya transparentaron los rastreos de sus flotas, y se espera que Colombia se una pronto para consolidar un bloque vital de conservación marina en el PET.
“Vemos cómo estos países son líderes, demostrando que esta transparencia es vital para gestionar mejor nuestros recursos y cuidar la economía”, afirmó Espinoza. Esta visibilidad empodera enormemente a los gobiernos para legislar con base en información técnica fiable.
Los beneficios más tangibles se evidencian ya en las Áreas Marinas Protegidas. Un caso clave es Costa Rica, que amplió históricamente su zona de protección en la Isla del Coco; allí el seguimiento satelital comprobó una reducción del 98 % de la actividad pesquera.
Asimismo, Carlos Chacón, gerente sénior de programa de GFW, destaca que el manejo racional exige saber qué pasa mar adentro. Resaltó un caso reciente en Panamá, donde las autoridades detectaron posibles incursiones no autorizadas y pidieron a GFW un análisis objetivo antes de establecer sanciones legales. “La gente va a trabajar por el sustento de sus familias; eso se puede observar y podemos colaborar para que estas actividades se hagan de forma ordenada, generando beneficios futuros para la sociedad”, concluyó Chacón.


