Jerusalén (EFE). Durante décadas, uno de los mayores problemas para la ciencia ha sido que, cuando los pacientes muestran los primeros síntomas (como olvidos o desorientación), el daño en su cerebro ya es demasiado extenso y casi siempre irreversible. Por eso, poder “ver” la enfermedad antes de que ataque la memoria es el gran sueño de la medicina actual.
Un equipo de investigadores de la Universidad de Bar-Ilan, en Israel, ha logrado desarrollar una tecnología de imagen molecular capaz de identificar los primeros rastros del alzhéimer cuando todavía están ocultos para las herramientas habituales.
Para entender este hallazgo, hay que saber cómo actúa la enfermedad. El alzhéimer está ligado a proteínas que forman “basura” tóxica en el cerebro. Hoy los médicos pueden ver estos grupos, pero solo cuando ya han formado grandes “placas”, momento en que la enfermedad ya está muy avanzada y el daño es notorio.
¿Cómo funciona esta nueva tecnología de visión molecular?
La gran novedad de la investigación israelí se centra en pequeñas acumulaciones de proteínas llamadas “oligómeros de beta-amiloide”. En un lenguaje sencillo, son las primeras “semillas” venenosas de la enfermedad. Estos diminutos grupos flotan en el cerebro y tendrían un rol central en el inicio del alzhéimer, muchísimos años antes de que asome el primer síntoma en el paciente.
Hasta ahora, esas minúsculas semillas eran invisibles. Permanecían ocultas a la vista de las tecnologías convencionales, como las tomografías o resonancias magnéticas actuales. A diferencia de las grandes placas que ya se observan con éxito en los hospitales, estas pequeñas toxinas pasaban por debajo del radar médico.
Es aquí donde entra en acción el equipo dirigido por el profesor Shai Rahimipour. Estos científicos lograron crear una herramienta que localiza estos depósitos tempranos y los hace brillar, volviéndolos visibles en los estudios de laboratorio. Gracias a esto, pudieron comprobar que las agrupaciones causan daños silenciosos en las células cerebrales mucho antes de que se detecten otros signos.
Los creadores de la tecnología están convencidos de que, en el futuro cercano, esta herramienta será clave para diagnosticar el alzhéimer en etapas tempranas. Además, ofrecerá una manera mucho más precisa de comprobar si los nuevos tratamientos y medicamentos están funcionando realmente para frenar estas proteínas antes de que destruyan el tejido.
El impacto global del alzhéimer según la OMS
Para dimensionar por qué este descubrimiento en Israel es tan urgente, basta con mirar los números alarmantes que maneja la Organización Mundial de la Salud (OMS). Actualmente, la demencia es una verdadera crisis sanitaria mundial. Según los últimos reportes del organismo, más de 55 millones de personas viven con demencia en el mundo, y cada año se diagnostican 10 millones de casos nuevos. Esto equivale a un nuevo diagnóstico en el mundo cada tres segundos.
La enfermedad de Alzheimer es la principal responsable de esta crisis global, ya que representa entre el 60% y el 70% de todos los casos de demencia registrados. Aunque muchos asocian estos problemas solo con la vejez, la OMS advierte que la demencia no es una consecuencia natural de cumplir años. Sin embargo, por el aumento de la esperanza de vida, las proyecciones indican que para 2030 habrá 78 millones de afectados, y la cifra trepará a 139 millones en 2050.
El impacto no es solo médico, sino social y económico. La demencia es la séptima causa de muerte a nivel global y una de las mayores razones de discapacidad en adultos mayores. Su costo económico supera los 1,3 billones de dólares anuales. Además, es una carga desproporcionada para las mujeres: representan el 65% de las muertes por esta causa y asumen el 70% de las horas de cuidado no remunerado de estos pacientes en los hogares.
Frente a este crudo diagnóstico de la OMS, la herramienta molecular desarrollada en la Universidad de Bar-Ilan representa una luz de esperanza.


