La Sombra: el terror de hacer una película sostenida en el cliché

La película paraguaya se estrenó hace unas semanas generando gran expectativa por su buena campaña mediática pero el resultado final en la pantalla grande dejó mucho que desear.

| Por Edson Vázquez
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La Sombra. Ariel López y Fernando Abadie en una de las escenas de la película del director y guionista paraguayo-estadounidense Michael Kovich Jr.

“La Sombra” es el nuevo largometraje del director y guionista paraguayo-estadounidense Michael Kovich Jr., que llegó a las salas de cine en Paraguay el pasado 1 de octubre.

La historia sigue los pasos de un ladrón (encarnado por Fernando Abadie, quien además ejerce como coproductor del proyecto), a quien vemos en las primeras escenas de la película, escapando de la Policía tras asaltar una casa de cambios. En medio de la persecución, el hombre encuentra refugio gracias a la intervención de su hermano sordomudo, interpretado por Ariell López, quien lo conduce al interior de una vivienda particular.

Allí, la trama suma tensión al cruzarse con la dueña de casa, personificada por Clotilde Cabral. Luego se sumarán Martina Núñez y Héctor Lozzca completando el elenco de la película, la cual cuenta con todos los clichés posibles de un filme de terror en una “casa embrujada”: un fantasma, un personaje incrédulo, otro sensible a lo supranatural, luces y colores en claroscuro, escenas en pasillos estrechos y efectos sonoros estridentes e imprevistos.

El sinsentido en la pantalla grande

El guion señala que el personaje escapa tras el robo cometido y corre por las calles de Asunción durante la noche, mientras se escucha el relato de una crónica radial sobre el hecho.

El protagonista llega a una calle oscura cuyas dimensiones no quedan claras, se detiene a descansar y, de la nada, su hermano le toca el hombro. ¿De dónde salió? ¿Por qué no se lo vio antes si el encuadre indicaba que el protagonista corría solo en una calle vacía? ¿Por qué no se sorprendió? Son preguntas que el espectador se formula, pero que claramente el director no se planteó, pues la lógica narrativa “salió del grupo”.

El hermano lo introduce en una casa donde la historia se desarrolla entre actuaciones logradas y otras lamentables. La gran Clotilde Cabral encarna a una de las habitantes de la vivienda y su interpretación cumple con su solvencia profesional habitual; sin embargo, el guion no favorece a su personaje debido a los baches de sentido común que permea toda la cinta.

En determinado momento, el bolso con el dinero robado por el protagonista se extravía de manera inexplicable de la habitación donde lo había dejado. En esos instantes comienza a manifestarse el espectro denominado “La sombra”. Más adelante, otro habitante de la casa —un supuesto excomisario de la época stronista, interpretado de forma excelente por Héctor Lozzca— revela que este fantasma es una “fusión” de almas en pena de personas a las que él había asesinado.

Apariciones repentinas de personajes que no generan el menor asombro en el protagonista inundan el metraje. En una escena, el espectro se lleva a la niña —la tercera habitante de la casa— a un cuarto oscuro. Por supuesto, lo más sensato hubiese sido asustarse y huir. ¿Qué hizo el personaje? Exactamente lo contrario.

El protagonista ingresa a la habitación, la cual se encuentra en absoluta penumbra a pesar de que la puerta estaba abierta y permitía el paso de la tenue luz de la sala contigua. El hombre saca una vela de gran grosor para iluminar el lugar. ¿De dónde extrajo una vela de semejante tamaño? Jamás fue del interés del guionista explicarlo. Acto seguido, abre un ropero y caen dos o tres cadáveres descompuestos. ¿El ladrón se sorprendió o asustó? Claramente no.

Un filme oscuro

Efectivamente, la película resultó oscura, pero debido a su mala iluminación y a una paupérrima colorimetría. Si existió un buen trabajo de diseño de arte, jamás lo sabremos, ya que no fue posible apreciarlo. Otro punto a destacar es la imposibilidad de comprender la espacialidad donde se desarrolla la historia: el uso permanente de planos cerrados durante las acciones imposibilita descifrar la forma y la distribución de la vivienda.

¿Y la dirección actoral?

Clotilde Cabral hizo todo lo profesionalmente posible, al igual que Lozzca. En determinado momento aparece también el querido profesor Héctor Silva, quien actúa con la solidez a la que nos tiene acostumbrados. Sin embargo, resulta evidente la ausencia de una dirección actoral que guíe a los personajes más allá de lo que demandaba un guion deficiente.

Todos anhelamos el progreso del cine paraguayo en sus distintos géneros y subgéneros.

Reconocemos y celebramos a quienes logran buenos resultados, pero eso no nos obliga a convertir la escena cultural en una “Villa aplausos” ni a omitir comentarios sobre aquello que no se ejecutó bien. “La sombra” continúa en la cartelera de los principales cines del país.

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