Las tropas paraguayas, movidas bajo la mirada estratégica del teniente coronel José Felix Estigarribia, avanzan tácticamente frente a los movimientos bolivianos que día a día se van quedando sin provisiones ni capacidad bélica.
El calor ataca a los dos enfrentados por igual, pero el conocimiento del territorio por parte de los altos mandos militares paraguayos marca una clara ventaja frente a los bolivianos. En un día como hoy, pero de 1932, la estrategia de cerrar un cerco alrededor del Fortín Boquerón, se consolida y la información llega hasta la capital paraguaya y a todo el país mediante las páginas de La Tribuna, ejemplares que se pueden apreciar en la Hemeroteca Nacional.
El historiador Fabián Chamorro explicó a LT que el 25 de septiembre de aquel año el cerco paraguayo ya se había materializado, generando gran desesperación en las filas bolivianas que fueron quedando sin acceso a provisiones de alimentos ni armamento.
“El 25 de setiembre el cerco paraguayo sobre Boquerón quedó definitivamente cerrado. Un destacamento del Regimiento de Caballería Nº 3, al mando del mayor Federico W. Smith, atacó en la retaguardia y sorprendió a las fuerzas bolivianas, diezmándolas hacia la tarde. Con la picada al fortín boliviano Ramírez cortada, los defensores no pudieron evacuar heridos ni obtener agua: la aguada llevaba tres días en manos paraguayas, agravando la desesperada situación dentro del fortín”, expresó Chamorro.
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Táctica efectiva
La Tribuna, en una publicación del 16 de ese mes, ya había manifestado que el acorralamiento de los bolivianos era una realidad y su efectividad se reflejaba en las bajas bolivianas.
“El enemigo se halla cercado en los campos de Boquerón”. “Los refuerzos bolivianos que llegan para apoyarlos son impotentes ante el empuje de nuestros soldados”, señalaba el titular en tapa.
La crónica relata que en esa semana las tropas paraguayas lograron interceptar misiones de provisiones para los bolivianos, logrando retener ametralladoras y otros elementos bélicos. Así también, cayeron como prisioneros un capitán, varios oficiales y una tropa entera de las fuerzas enemigas.
“Los bolivianos fusilan a sus propios soldados. Algunos de los prisioneros caídos ayer informan que en la mañana de ayer han sido fusilados en las filas bolivianas diez soldados y un oficial que se apersonaron al jefe pidiéndole que se rinda puesto que la resistencia es ya inútil”. “El oficial momentos antes de ser ajusticiado volvió a pedir al jefe con insistencia que se rinda”, relataba uno de los párrafos.

