El festival se realizó el sábado pasado en la Casa Argentina, espacio extraño para eventos de este tipo, pero es un lugar que concentra historias. Allí tocaron orquestas en los setenta y ochenta; hace pocos años se realizó la Fiesta Bolivia (que se caracteriza por celebrar lo diferente) y es la casa que une a paraguayos y argentinos. Y razones había para celebrar lo que une a ambas naciones.

Empezó con Camigo, joven paraguaya que reside en Buenos Aires y que se anima a un sonido R&B impregnado de contemporaneidad, tiene algo de eso que hoy se conoce como urbano, pero debo reconocer que es un rótulo que me cuesta. Pero usemoslo para evitar explicaciones.
Continuó con Oudi, precisamente alguien que viene ganando espacios con lo que se conoce como “urbano”. En esta ocasión se presentó acompañado de un grupo, presentando un sonido más fuerte y contundente.
Con Joaju Cuarteto la onda cambió completamente. El grupo jazzístico presentó sus versiones jazzeadas de guaranias (que es una música urbana y es tan diferente al trap y el reguetón. ¿Ven por qué me cuesta este término?).
Actuaron con la cantante Flor Giménez, interpretando clásicos y composiciones nuevas. A pesar de que rompía la onda del festival, es muy interesante que el público no habitué al jazz pueda acceder a expresiones diferentes. Y precisamente la propuesta del evento era estar abiertos a audiciones diferentes. Afortunadamente, el público presente estaba afín a abrirse a opciones distintas.
Luego entró Ripe Banana Skins, y su larga historia entregada al skapunk y el reggae. Un show potente, divertido y congruente. El público de adelante se entregó al pogo y el grupo respondió con una hora de buena vibra.
Alrededor de las 23:00, Juana Molina subió al escenario acompañada del baterista Diego López de Arcaute. Ella presentó principalmente canciones de su álbum “Doga”, pero no faltaron clásicos de su repertorio como “Paraguaya”, que fue una de las primeras que interpretó (y que según nos contó poco antes del show, no se refiere a una persona, sino a una intención que le sonaba paraguaya en la melodía), o “Un día”, tema hipnótico que parece nutrirse del folklore argentino a pesar de tan pop electrónico.

En la propuesta de Juana Molina se conjuga tanto lo disruptivo como algo que te abraza y te abriga. Su voz aguda y susurrante se alía con esos loops, el teclado sintetizado, las guitarras eléctricas y las percusiones acústicas y programadas, en texturas y ritmos.
Es un juego en el que Juana es etérea y ágil a la vez. Mucha onda que la gente respondió con gusto. Molina actuó en Asunción luego de doce años. Dijo que quiere volver pronto, y que así sea.
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Luego actuó Taichu, una de las nuevas propuestas de la onda urbana, que la gente más joven recibió con gusto.
La noche se despedía con la música para bailar de Radio Bolivia. Esperemos que la experiencia de Audición haya sido buena y que vengan otras ediciones más.
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