El conocido festival jazzístico que reúne a proyectos y figuras del jazz con un lenguaje más regional y propuestas contemporáneas e innovadoras, tuvo su sexta edición con dos días de celebración en el teatro de la embajada brasileña en Asunción.
Con el apoyo del citado organismo diplomático y aportes privados, el evento fue impulsado por la saxofonista Lara Barreto y el arpista Juanjo Corbalán quienes años tras año delinean e hilvanan la grilla que hasta la fecha no ha decepcionado.
Grupos de amigos, familias y personas que recién salían de sus trabajos llegaron hasta el recinto que como ya es costumbre, son recibidos con un vaso de caipiriña y fueron testigos de dos noches de mucha genialidad musical. En ambas jornadas - 9 y 11 de septiembre- la sala quedó abarrotada de gente con asistentes que tuvieron que esperar afuera.
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Virtuosismo y genialidad
La segunda jornada tuvo la presencia escénica de Giovanni Primerano de Paraguay, Jimi Oliver del Brasil y Víctor Morel y los Latin Amibops, también de Paraguay.
Primerano abrió la noche con un concierto de piano solo, imprimiendo su impronta actual en una presentación que le dio su toque concertístico obligando al público su máxima concentración y predisposición para recibir lo que en las teclas blancas y negras estaba ofreciendo.
El siguiente número estuvo a cargo del guitarrista brasileño Jimi Oliver, un carismático y humilde músico que interactuó bastante con el público a través de su simpático español. De aquí hasta noviembre tiene cerradas más de setenta presentaciones en toda la región y en ese camino cruzó por Paraguay.
Oliver propuso una noche de fusión entre la riqueza armónica y rítmica del folclore brasileño con el fraseo y la libertad conceptual del jazz moderno, concepto que impulsa a través de su proyecto “Brasilidades no jazz”.
En esta oportunidad, hizo gala de un virtuosismo refinado y diálogo colectivo junto a músicos excepcionales: José Burguez en la batería, un prodigioso músico quien viene en ascenso en su técnica y groove al acompañar proyectos jazzísticos; Jair Galeano, quien con una digitación precisa y con presencia se destaca en la escena local; y el pianista, compositor y docente estadounidense Sam Farley. Este último estuvo dando clases y conciertos en el marco del Jazz Day organizado por el CCPA.
Mucho swing, bebop y estilo “brasuca” se conjugaron en su repertorio con la genialidad de sus acompañantes. El público permaneció atento a cada solo mientras Jimi iba sugiriendo patrones acordes en cada solo sin dejar de dar libertad a sus compañeros de escenarios quienes demostraron la hermandad y fraternidad que se logra en el lenguaje musical del jazz.
Puro sabor
Víctor Morel y su proyecto Latin Amibops cerraron la noche con puro sabor de latin jazz. La propuesta recoge en su repertorio obras del subgénero jazzístico de autores paraguayos. Así interpretaron “Alacazaba” de Juanjo Corbalán; “Casi un Chacha” de Dani Cortázar; “Viaje paralelo” de Josías Montanía y “Mambo groso” de Óscar Aldama.
Morel viene desarrollando una carrera artística dedicada en gran parte a recuperar, reinterpretar y revalorizar a los grandes compositores de jazz paraguayo en sus diferentes proyectos musicales.
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La presentación estuvo marcada por la descarga en las congas del chileno Alejandro Fritis y el lenguaje mezclado entre el jazz y la salsa en el saxo tenor y flauta traversa de Bruno Muñoz. Por su parte, Jair Galeano se destacó nuevamente en el bajo eléctrico y Magno Molinas en piano.
Este último es un destacado maestro de su instrumento que en el lenguaje del latin jazz se impone por su virtuosismo técnico y una explosividad enérgica, muy similar a la del cubano Alfredo Rodríguez.
Conjugando la clave afrocubana, tumbaos de la timba y polirritmias complejas, conversó con sus compañeros de escenario combinando rigor académico con espontaneidad.
La noche cerró con abrumador éxito, evidenciando la necesidad de que Estado y entes privados apoyen estos eventos en donde el público demuestra que está en la búsqueda de alternativas musicales y shows en vivo.

