“Spider-Noir” es la serie protagonizada por Nicolas Cage, quien interpreta al detective privado Ben Reilly, un exsoldado estadounidense quien habìa servido en el ejército de su país durante la Primera Guerra Mundial y combatió en Francia durante la célebre ofensiva de Meuse-Argonne.
Tras rescatar a unos camaradas suyos de una prisión en donde eran víctimas de experimentaciones médicas de los alemanes, sufre la mordida de un connacional suyo que ya sufría mutaciones “arácnidas”. Esta es la partida que se distancia de la clásica historia del Hombre Araña en la que se sustenta hace años el estudio Marvel.
La nueva propuesta se coloca en una diáspora con la historia formal del “buen vecino, el hombre araña”: fue mordido por un humano y la historia se centra en la parte final de su adultez madura, queriendo dejar la vida de héroe para ser “normal”. Esta diferenciación obliga a los fans del cómic a permanecer abiertos a cualquier otro cambio respecto a la historia original.
Todo junto por separado
Sin dudas la serie triunfa como un portentoso ejercicio de arqueología cinematográfica. Rescata la iluminación dura de “tungsteno” y combina ópticas vintage con inteligencia artificial.
La historia se desarrolla en la década de los treinta, la Ley Seca mantiene en zozobra a la ciudad de New York y gran parte del país norteamericano. Ahí aparece un contrabandista de licores que financiará a roscas mafiosas de la ciudad (una antesala de lo que sería la dinámica política global). Para presentar esta inmoralidad que aprisiona a los ciudadanos, abundan las tomas con la cámara inclinada, una técnica clásica del cine y de los gráficos de los cómics para acentuar la inestabilidad de alguna población o grupo de personas, así como para resaltar el peligro inminente y la desorientación del protagonista
Resulta positivamente llamativo como este recurso es utilizado en los ocho capítulos (disponible en Prime Video) sin empalagar al espectador.
A lo largo de la temporada, la serie captura con maestría la paranoia criminal de los años treinta. Este riguroso purismo analógico convive en perfecto equilibrio con la postproducción digital avanzada, donde la inteligencia artificial optimiza dobles virtuales (para evitar costosas tomas de riesgo con actores dobles) y calibra una impecable conversión bicromática.
Cigarrillos, luces duras, sombras, conversaciones irónicas y mucho alcohol son la constante. La serie muestra a un hombre araña casi viejo que tras una etapa depresiva vuelve a encontrar el amor, aunque no correspondido. Deja a la vista el estado emocional en el que aquella sociedad estaba inmersa en medio de crisis económicas, crímenes y corrupción.

El rey de la deducción
En mi humilde entendimiento, concebí un interesante homenaje al magnánimo personaje creado por Sir Arthur Conan Doyle: Sherlock Holmes. Ben Reilly, quien tiene menos cuidado que Peter Parker en cuidar su identidad de superhéroe, vive de investigar casos pequeños pero con mirada empírica de la deducción y con mucha astucia. Watson también es tenido en cuenta con la representación de la asistente de Reilly.
De hecho, para poder resolver el caso que tiene entre sus telarañas, necesariamente recurre a sus habilidades detectivescas. Los rostros poco iluminados, el humo permanente, con imágenes que claramente no son reales pero sin resultar molestas, hacen de la serie una verdadera obra que obliga a futuros productores a repensar el uso de la inteligencia artificial y su convivencia con el talento humano.
LEER TAMBIÉN: “Umbral”: una obra obra que abre una ventana hacia lo imposible
Si bien, la plataforma audiovisual aún no firmó ningún contrato para una segunda temporada, los productores Phil Lord y Christopher Miller habían confirmado a medios internacionales que diseñaron la serie pensada para múltiples temporadas.


