Tensión, angustia, alivio, terror, brutalidad, energía, luces, oscuridad, sombras, expresiones, colores. Todo eso conjugado con movimientos permanentes de las bailarinas y de los espectadores, fue lo que se vivió en la última fecha de “Umbral”, un tríptico de danza contemporánea que a pulmón, sin apoyo estatal, desarrolló tres días de presentaciones en Asunción.
Fue la segunda temporada, la primera exposición se dio el año pasado y en esta ocasión su éxito llevó a que las organizadoras habilitaran una función más en el último día.
Este tríptico, como su nombre indica, fueron tres puestas puntuales de danza contemporánea en tres locaciones distintas en un mismo lugar. La innovación de este año fueron los interludios agregados lo que le otorgó a la obra una continuidad y fluidez que no dio tiempo a los presentes de desviar la atención en ningún momento.
La experiencia inmersiva de trasladarse y adecuarse a cada acto permitió un evidente estado de concentración del público en su totalidad.
Tensión que respira
“Susurros de insubordinación” fue el acto primero, una coreografía a cargo de Nastia Goiburu. Una puesta en donde el contraste entre la absoluta oscuridad y luces rojizas fue la constante. Bailarinas plegadas a la pared que se colgaban de telas sujetas a los muros de una sala. Con los rostros tapados y moviéndose entre cuerdas y telas entrelazadas con una respiración constante y casi desesperante, en medio de una lógica obediente.
La coreografía y el apoyo sonoro despertaron las emociones más angustiantes posibles que ingresaban constantemente al terreno del terror. Al final, los susurros se convirtieron en respiraciones marcadas que se libraron de sus ataduras simbólicas, o quizá reales. Una coreografía que desafió todo tipo de movimiento corporal.
Un breve interludio de dos cuerpos entrelazados y respirando fuerte dentro de un telar, que luego se descubriría que es una pieza adecuada a los cuerpos, dio paso al siguiente acto: “Antes de”, dirigida por Silvia Agüero y Florencia Boccia.
Un increíble juego de sombras y pocos elementos con una fuerte carga discursiva psicoanalítica que se desplazó entre ideas de conciencia y pensamientos reprimidos. Una protagonista que plasmaba ideas es un cuaderno y que por momentos este intentaba llevarla a otros lugares. Una historia siguiente cargó con similar idea, una mujer intentando escapar de las sombras que la atormentaban y asfixiaban. Tras fallidos intentos de huir, enfrentar a estas ideas simbolizadas en las penumbras, fue el mejor y mayor alivio de ambas protagonistas.
Tratando de encajar
Una fuerte carga simbólica de querer encajar en los estándares de moda, una presión que recae más en las mujeres, fue el interludio que precedió al último acto. Una mujer bailando con distintas prendas en un vestidor, intentando adaptarse a moldes y figuras y casi perdiéndose entre telas y vestidos. En un lapsus de conciencia, parece volver a su esencia y opta por sentirse feliz con atuendos coloridos y estampados.
Inmediatamente la bailarina se traslada a la casa ubicada en la parte posterior del local para dar paso al último acto. “Una casa que vive”, reza parte de la argumentación de esta pieza titulada “La casa que sueña despierta”, dirigida por Gloria M. Morel. Todo el elenco está observando desde adentro en distintas posiciones mientras dos bailarinas realizan movimientos repetitivos en un sofá. El resto se suma al baile con una coreografía en una mesa circular para luego retirarse bailando por el patio, yendo rítmicamente con sonidos de tambores hasta la calle. La rutina doméstica se quebró con sonrisas y movimientos contagiantes.
“Umbral” desafió a los espectadores, a explorar emociones, sentimientos, movimientos y la forma de apreciar el arte.
Las artífices.
La producción general estuvo a cargo de Silvia Agüero - Eq’e compañía de danza. Las que dieron vida a cada movimiento fueron Arami Cañete, Ariadna Azas, Ekaterina Goiburu, Florencia Boccia, Ivanna Aquino, María José Ramírez, Martina Vargas y Monserrat Andrada. Asesoría en vestuario: Macarena Candia; asistencia general: Luciana Mascareño.
Sin apoyo y falta de claridad
En conversación con Gloria M. Morel, una de las directoras, resaltó que la falta de políticas culturales a nivel nacional y la falta de apoyo municipal en Asunción por segundo año consecutivo, la realización de presentaciones y puestas para las compañías independientes, se torna superlativamente difícil.
“En el país hay varios creadores en el ámbito de la danza independiente, pero al competir en fondos generales estatales que no categorizan por especificidad, terminamos siendo los menos adjudicados entre todas las disciplinas”, dijo.
Luego agregó: “No hay políticas culturales de apoyo para proyectos con trayectoria que sostienen la cartelera profesional de danza independiente”.
Reclamó además, que los Fondos Municipales de Cultura (FOCMA) de la Municipalidad de Asunción siguen paralizados y esto dificulta aún más el sostenimiento de las obras del sector independiente. “Por ejemplo, bajo gobierno de Nenecho desapareció este fondo importante al igual que el festival ASUJAZZ y continúa sin reactivarse durante el actual intendente”.

