“Renacer Albirrojo” nace de ese instante en que la selección paraguaya volvió a encender algo que parecía dormido. Aunque siempre estuvo ahí, esperando una señal.
Dirigida por Armando Aquino y Alfredo Galeano, el documental no se queda en el resumen deportivo ni en la épica fácil. Va mucho más allá: a esa reconciliación entre Paraguay y su Albirroja.
Por eso “Renacer Albirrojo” emociona. Porque habla de jugadores, sí, pero sobre todo habla del pueblo paraguayo.
En diálogo con Armando Aquino, el director nos contó cómo fue el proceso de construcción de la película, desde la primera convocatoria hasta el enorme despliegue de rodaje que acompañó este momento tan intenso.
La APF convocó al equipo en julio de 2025. Según recuerda Aquino, la Asociación venía trabajando la idea junto a 23 Sports Mkt. La Selección ya atravesaba una buena racha y algo empezaba a sentirse distinto en la calle. Era una ilusión que volvía después de muchos años de golpes, frustraciones y distancia.
Aquino lo explica con una imagen muy clara: durante dieciséis años de caídas, el pueblo paraguayo había soltado la mano de la selección. A muchos ya les daba igual, pero con la remontada histórica, el invicto de local y la energía que se estaba generando alrededor del equipo, esa relación empezó a recomponerse.
Como una madre y un hijo que vuelven a encontrarse. La Albirroja y su pueblo, otra vez tomados de la mano; ese fue el corazón del documental.
Pero el tiempo era ajustadísimo. En agosto recibieron la luz verde y quedaba apenas un mes para el último combo de eliminatorias. Paraguay estaba a un punto de lograr la clasificación y todas las fichas estaban puestas en el partido contra Ecuador, el 4 de septiembre, en el Defensores del Chaco.
En pocas semanas, el equipo debía investigar, ordenar el material, armar una escaleta sólida y empezar el rodaje unos diez días antes del partido. No fue fácil.
El rodaje tuvo veintiocho jornadas en total: dieciocho con un equipo mediano, nueve con un equipo más pequeño y una enorme, la del partido contra Ecuador.
Ese día, la producción arrancó de madrugada con diez equipos en paralelo, cada uno siguiendo a distintos protagonistas desde el inicio de su día. Además, ocho pilotos de drone cubrieron el trayecto del bus de la selección desde el Carde, en Ypané, hasta el estadio, y luego los festejos en el Panteón de los Héroes.
Pero el despliegue no terminó ahí. Otros diez realizadores registraron el partido y la celebración en distintos puntos del país, porque la película necesitaba mostrar que se trataba de un sentimiento nacional.
Ahí aparece una de las grandes virtudes de “Renacer Albirrojo”. El documental mira a los jugadores, al cuerpo técnico y, por supuesto, a Gustavo Alfaro, pero también pone el foco en la gente que encontró en la selección una forma de volver a creer en algo compartido.
Aquino también nos contó que uno de los aspectos más complejos del proceso fue el montaje. Con Alfredo Galeano probaron distintos caminos narrativos. Muchas veces creían haber encontrado la forma correcta, hasta que se daban cuenta de que había que desechar todo y empezar de nuevo, y eso, en un documental con tantos hilos, tantos personajes y tantas emociones en juego, tiene todo el sentido. No se trataba solo de ordenar imágenes, había que encontrar el pulso justo.
Porque “Renacer Albirrojo” no quiere hablar únicamente de fútbol. Quiere hablar de identidad, de confianza, de lo que pasa cuando un grupo de jugadores decide creer en una idea y un pueblo vuelve a acompañar.
Aquino destaca el trabajo profundo de Alfaro y su cuerpo técnico, que antes de llegar ya habían estudiado las fortalezas y debilidades del equipo, tanto en lo deportivo como en lo humano, y también subraya algo clave: el Defensores del Chaco volvió a sentirse como una fortaleza. Un lugar donde los rivales llegan sabiendo que Paraguay está de pie.
Cuando le preguntamos qué encontrará el público en la película, Aquino respondió con emoción: un espejo, una caricia al corazón, pasión, fervor y una muestra de lo maravilloso que puede ser el pueblo paraguayo.
“Renacer Albirrojo” parece hecha para guardar una sensación. Esa sensación de pecho inflado, de orgullo recuperado, de un país reunido alrededor de una camiseta y, sobre todo, de algo que a veces olvidamos: cuando todos se unen detrás de una misma idea pueden pasar cosas extraordinarias.


