Editorial

Será otro año de estudio en que la IA pondrá mayor presión al discernimiento

Estamos a días del inicio de los ciclos anuales de estudios: escolar, secundaria y universitaria. En porcentaje creciente, en todas las etapas mencio…

| Por La Tribuna

Estamos a días del inicio de los ciclos anuales de estudios: escolar, secundaria y universitaria. En porcentaje creciente, en todas las etapas mencionadas, ya es una impronta el uso de la inteligencia artificial (IA). La atención no pasa por la solución o el problema que pueda generar, sino el criterio para utilizarla.

Parece un tema lejano; sin embargo, es una realidad presente. Pues el alumno de la primaria, el joven en los colegios y el estudiante universitario (en números que van en aumento) saben que la IA es como un espacio de consulta. Más de uno lo irá tomando, con mayor impulso, como auxiliar o guía para avanzar en trabajos prácticos o pruebas.

El desafío está en que las instituciones de aprendizaje hagan el tiempo y calendaricen debates, seminarios y capacitaciones sobre lo que significa la inteligencia artificial en los planes de estudio. La sapiencia no está únicamente en dominar la tecnología, el ideal está en dominarse a sí mismo para que uno no sea un mero cautivo de la pauta que marca la tecnología.

Será imposible en corto tiempo adecuar a todos los docentes para que sean expertos en la IA, por lo que una forma de desarrollar criterios son las charlas periódicas que deben hacerse sobre el llamado fenómeno del siglo XXI, en el transcurso del año. La tarea de despertar la lucidez ayudará a sostener (o construir) una sociedad más racional que automática.

Más que nunca, los estudiantes de todos los ciclos precisan del discernimiento a la par de operar con las ventajas que brinda la inteligencia artificial. Es fundamental saber rescatar lo útil de lo insignificante, comprender si la información que se recibe tiene valor real o si simplemente está cautivando por hermoso, rápido o por lo que sea.

Una verdad que poco se dice es que la IA no reemplaza al criterio. Empero, y acá está su real trascendencia: exige criterio. Ella no sustituye al pensamiento, pero sí es un sistema de apoyo de valía. Es como ocurre en los medios de prensa, donde hay periodistas que trabajan con la IA, pero la interpretación del contexto requiere más de dos dedos de frente.

El mundo que se viene hará la división entre la sociedad que vive como a control remoto y la que supo desarrollar el discernimiento. Este último grupo es el que posee, mantiene y desarrolla la capacidad de distinguir entre lo verdadero y lo falso, lo correcto y lo incorrecto o lo que conviene y lo tóxico. La diferencia será, aunque duela asumir, entre la inteligencia humana y la artificial.

Nuestras autoridades educativas deben trabajar mirando el futuro con el tipo de contenido de enseñanza, que para no ir lejos se inicia este mismo 2026. Ante la presencia vigente, y era constante, de la IA se debe también priorizar la comunidad educativa que comprende. Difícilmente la IA logre ser consciente, pero el ser humano está obligado a sostener su sentir y su juicio.

La IA llegó para quedarse. De hecho, es de enorme ayuda. Condiciona un matrimonio casi indisoluble. En esa unidad, tiene valor el plus del discernimiento, que es, al menos hasta ahora, una cualidad y facultad humana. Aunque la IA simula coherencia aún no garantiza veracidad, por lo que el pensamiento crítico educativo debe ser constante para validar la información que se recibe.

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