La economía mundial logró mantener un crecimiento estable tras años de crisis encadenadas, pero enfrenta un escenario de desaceleración estructural y creciente desigualdad entre países. Así lo señala el informe Global Economic Prospects-January 2026, publicado por el Banco Mundial, que destaca la resiliencia del sistema global, aunque alerta sobre la pérdida de dinamismo y el deterioro de las perspectivas para las economías más vulnerables.
El documento indica que el crecimiento global cerró el 2025 en torno al 2,7% y se proyecta una leve desaceleración al 2,6% en 2026, con una recuperación moderada en 2027. Si bien estos niveles reflejan estabilidad, se encuentran por debajo de los registros necesarios para impulsar una reducción sostenida de la pobreza y absorber la creciente demanda de empleo, especialmente en los países emergentes y en desarrollo.
Uno de los principales hallazgos del informe es el carácter desigual de la recuperación posterior a la pandemia. Cinco años después del impacto del covid-19, el PIB per cápita mundial es aproximadamente 10% superior al nivel de 2019, lo que convierte a este proceso en la recuperación más fuerte desde la década de 1960. Sin embargo, casi el 90% de las economías avanzadas ya superaron ampliamente sus niveles de ingreso prepandemia, mientras que más de una cuarta parte de los países en desarrollo aún no lo lograron.
La brecha es aún más marcada en los países de bajos ingresos, donde más de un tercio registra niveles de ingreso per cápita inferiores a los de antes de la crisis sanitaria. El Banco Mundial subraya que más de la mitad del aumento del ingreso global desde 2019 fue explicado por las economías de mayores ingresos, consolidando una divergencia que limita el progreso social en amplias regiones del mundo.
En el plano del comercio internacional, el informe advierte que el dinamismo observado en 2025 respondió en gran medida al adelantamiento de importaciones ante subas arancelarias y tensiones comerciales. Para 2026, se espera una desaceleración del comercio global, afectado por la persistencia de barreras comerciales y un elevado nivel de incertidumbre en materia de políticas económicas. Este escenario impacta directamente en las economías exportadoras y en la inversión productiva.
En cuanto a los precios, la inflación global muestra una tendencia a la moderación, lo que permitió a varios bancos centrales iniciar un proceso gradual de reducción de tasas de interés. A su vez, el precio del petróleo registraría una caída hasta niveles cercanos a los US$ 60 por barril en 2026, debido a una menor demanda y un aumento de la oferta, mientras que los metales industriales encuentran cierto sostén en la transición energética.
El informe dedica un apartado central al desafío fiscal que enfrentan los países en desarrollo. La deuda pública de estas economías alcanzó su nivel más alto en más de medio siglo, reduciendo el margen de maniobra ante eventuales crisis. En este contexto, el Banco Mundial destaca la importancia de las reglas fiscales como herramienta para reconstruir el espacio fiscal y mejorar la sostenibilidad de las cuentas públicas.
Según el estudio, más de la mitad de los países emergentes ya adoptaron algún tipo de regla fiscal, frente a apenas el 15% en el año 2000. La evidencia muestra que estas reglas contribuyen a mejorar el balance fiscal en el mediano plazo, especialmente cuando se implementan en contextos de estabilidad macroeconómica y con instituciones sólidas.
De cara al futuro, el organismo multilateral advierte que el principal desafío será la creación de empleo. Se estima que hacia 2035 más de 1.200 millones de jóvenes ingresarán al mercado laboral en los países en desarrollo, lo que exigirá políticas activas orientadas a la inversión, la productividad y el fortalecimiento del sector privado.
En conclusión, el Banco Mundial señala que la economía global demostró capacidad de resistencia, pero enfrenta una década marcada por un crecimiento más bajo y desigual. Sin reformas estructurales, disciplina fiscal y estrategias que impulsen la inversión y el empleo, el riesgo de profundizar las brechas económicas seguirá siendo una de las principales amenazas para la estabilidad global.


