Economia

Aguinaldo: consumo inmediato y alivio financiero de corto plazo

El aguinaldo vuelve a ocupar un rol central en la economía doméstica de miles de familias paraguayas. Lejos de convertirse en una herramienta de ahor…

| Por La Tribuna
El aguinaldo impulsa el consumo de fin de año, pero su efecto suele diluirse en pocas semanas.

El aguinaldo vuelve a ocupar un rol central en la economía doméstica de miles de familias paraguayas. Lejos de convertirse en una herramienta de ahorro o inversión, el ingreso adicional de fin de año se destina, en su mayoría, a consumo inmediato y a cubrir compromisos acumulados.

Con la llegada de diciembre, el movimiento comercial se intensifica y el aguinaldo aparece como un respiro transitorio para los bolsillos. Supermercados, tiendas y restaurantes sienten el impacto directo de este ingreso, que en pocos días se transforma en alimentos, regalos y gastos asociados a las celebraciones de fin de año. Sin embargo, el efecto positivo suele ser breve.

La economista Gloria Ayala Person explica que el comportamiento se repite año tras año. “El aguinaldo se usa primero para lo visible: compras, reuniones y gastos postergados. Recién después aparece la preocupación por lo que viene”, señaló en declaraciones a la prensa. Esa lógica, advierte, deja a muchas familias con menos margen para enfrentar enero.

Una parte importante del dinero también se canaliza al pago de deudas. Tarjetas de crédito, préstamos personales y cuentas atrasadas absorben una porción relevante del ingreso extra, lo que reduce aún más la posibilidad de destinarlo a objetivos de mediano plazo. “No es que la gente no quiera ahorrar, es que llega muy ajustada a fin de año”, remarca Ayala.

Detrás de esta conducta hay una realidad estructural. De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística, más de la mitad de los trabajadores asalariados percibe ingresos iguales o inferiores al salario mínimo. En ese contexto, el aguinaldo cumple una función compensatoria antes que estratégica.

El ahorro sigue siendo la gran deuda pendiente. Solo una fracción reducida logra reservar parte del ingreso para un fondo de emergencia o para gastos previsibles del año siguiente, como matrículas, impuestos o mantenimiento del hogar. La mayoría reconoce que el dinero “se va rápido”, impulsado por necesidades inmediatas y hábitos de consumo difíciles de modificar.

Ayala sostiene que existe una mayor conciencia sobre la importancia de la educación financiera, pero aún sin impacto decisivo en diciembre. “Hay más información disponible, pero cuando llega el aguinaldo pesan más las urgencias y la presión social del cierre de año”, explicó. El resultado es un ciclo que se repite: alivio momentáneo seguido de un inicio de año con cuentas ajustadas.

Desde una mirada práctica, la especialista propone dividir el aguinaldo en partes con objetivos claros. Destinar un porcentaje al disfrute, otro a obligaciones anuales, uno a gastos del hogar y una fracción al ahorro permitiría equilibrar consumo y previsión. “No se trata de dejar de celebrar, sino de ordenar prioridades”, subrayó.

En términos macroeconómicos, el impacto del aguinaldo se refleja en un fuerte impulso al comercio y los servicios durante diciembre. El consumo dinamiza la actividad, aunque sin generar necesariamente un cambio estructural en la salud financiera de los hogares. El efecto multiplicador existe, pero es de corto alcance.

Así, el aguinaldo vuelve a mostrarse como una oportunidad parcialmente desaprovechada. Para muchas familias, representa un alivio temporal más que una base para construir estabilidad. El desafío hacia adelante será transformar ese ingreso extraordinario en una herramienta que permita amortiguar los meses difíciles y reducir la vulnerabilidad financiera.

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