Moody’s anticipa que el 2026 estará marcado por un crecimiento mundial más lento, tasas en descenso y mayor cautela financiera. En ese escenario, Paraguay aparece con ventajas relativas, aunque enfrenta el desafío de sostener competitividad, atraer inversiones y mitigar riesgos climáticos.
El panorama económico global para el 2026 será menos dinámico que en años recientes, aunque sin sobresaltos extremos. Así lo señala el último informe de perspectivas de Moody’s Ratings, que proyecta un crecimiento moderado en las principales economías, acompañado por una gradual baja de tasas de interés y un sistema financiero más selectivo.
Estados Unidos crecería en torno al 1,8%, mientras que Europa lo haría cerca del 1,3%, en un contexto marcado por tensiones políticas, fragmentación comercial y un consumo más cauteloso. Aun así, la calificadora descarta un escenario recesivo generalizado, lo que reduce los riesgos sistémicos para las economías emergentes.
Para Paraguay, este contexto internacional presenta un doble mensaje. Por un lado, un mundo que crece menos limita el impulso externo y mantiene la volatilidad en los precios de los commodities. Por otro lado, la estabilidad macro global y la expectativa de tasas más bajas generan un entorno relativamente favorable para países con fundamentos sólidos y costos competitivos.
Uno de los puntos centrales del informe es la transformación del financiamiento global. Moody’s advierte sobre el avance del private credit, que gana espacio frente al crédito bancario tradicional, en un escenario donde los inversionistas buscan retornos más altos, pero asumen mayores riesgos. Esta tendencia anticipa un mercado financiero más exigente, con mayor selectividad y foco en la calidad de los proyectos.
En Paraguay, esto se traduce en un acceso al crédito más prudente, especialmente para consumo y sectores con menor respaldo patrimonial. Sin embargo, los proyectos vinculados a exportaciones, agroindustria, energía y servicios tecnológicos parten con mejores condiciones relativas, al estar alineados con flujos en dólares y demanda externa sostenida.
El informe también pone énfasis en la disrupción digital como uno de los motores de inversión a nivel global. La expansión de la inteligencia artificial, los centros de datos y la demanda energética asociada están redefiniendo el mapa de oportunidades. En este punto, Paraguay aparece bien posicionado gracias a su abundante energía eléctrica, un factor clave para captar inversiones intensivas en consumo energético.
No obstante, Moody’s alerta sobre un riesgo creciente que resulta particularmente relevante para la economía paraguaya: el impacto económico de los eventos climáticos extremos. La mayor frecuencia de sequías, inundaciones y fenómenos severos incrementa los costos productivos y la volatilidad en sectores altamente dependientes del clima, como la agricultura y la ganadería.
Este factor obliga a repensar estrategias de largo plazo, desde inversiones en infraestructura y logística hasta el desarrollo de seguros agrícolas y mecanismos de mitigación de riesgos. En un mundo que crece menos, la eficiencia productiva y la resiliencia se vuelven determinantes.
En síntesis, el escenario que describe Moody’s para el 2026 no es adverso para Paraguay, pero sí exige mayor precisión en las decisiones económicas. Con estabilidad macro, energía competitiva y un sector productivo orientado a la exportación, el país cuenta con ventajas claras. El desafío estará en convertirlas en crecimiento sostenido, en un contexto global que ya no ofrece viento de cola, pero sí oportunidades para quienes sepan aprovecharlas.


