El sector de la construcción cerró el tercer trimestre con 244.416 trabajadores y un crecimiento interanual del 10,5%. Entre obras viales, infraestructura social y un plan que busca llegar a todos los distritos, el rubro afirma su papel estratégico.
El repunte que hoy muestra el sector de la construcción no se explica solo por el movimiento de maquinarias o la expansión de obras en rutas y ciudades. Se traduce, sobre todo, en empleo. Según los últimos registros oficiales, entre julio y septiembre de este año el rubro alcanzó 244.416 trabajadores, lo que supone un crecimiento del 10,5% respecto al mismo periodo del año pasado. Es un salto equivalente a más de 23.000 nuevos puestos, una cifra que refleja la recuperación de un sector históricamente sensible a los ciclos económicos.
Las autoridades consideran que la obra pública se convirtió en una de las principales vigas que sostienen esa expansión. Con frentes activos en buena parte del territorio y un plan que busca cubrir progresivamente los 263 distritos del país, la construcción avanza con un mapa de inversiones que ya impacta en 160 localidades. No se trata únicamente de ampliación vial: hay trabajos en infraestructura social, saneamiento, edificios públicos y sistemas de agua, lo que diversifica las oportunidades laborales y amplía el alcance del sector.
Ese dinamismo también se refleja en la formalización del empleo. Entre enero y octubre se incorporaron alrededor de 64.000 nuevos asegurados al sistema de seguridad social, un dato que acompaña el movimiento del sector y que fortalece la calidad del empleo. La meta gubernamental apunta a medio millón de trabajadores formales en esta administración, y el avance de las obras aparece como pieza clave en ese objetivo.
La cadena productiva de la construcción suele ser una de las más amplias del país. Por cada obra en marcha se activan fabricantes de materiales, empresas de transporte, talleres mecánicos, servicios de logística y pequeños comercios que dependen del flujo de trabajadores. Esa capilaridad convierte al rubro en un motor capaz de contagiar dinamismo a otras áreas de la economía, sobre todo en zonas donde la actividad privada aún se desarrolla de forma incipiente.
No obstante, el crecimiento también plantea desafíos. El sector necesita continuidad en la ejecución presupuestaria, previsibilidad en los pagos y un calendario sostenido de obras para evitar los ciclos de auge y caída que afectaron al rubro en años anteriores. La apuesta por llegar a todos los distritos del país, bajo un modelo de infraestructura más descentralizada, exige coordinación entre instituciones, planificación a largo plazo y controles que aseguren la calidad de las obras.
Pese a esas exigencias, lo cierto es que el 2025 deja cifras difíciles de ignorar. La construcción recuperó presencia, generó empleo y reforzó su papel estratégico dentro de la economía paraguaya. En un contexto regional desafiante, el rubro aparece como uno de los pilares que sostienen el crecimiento y, sobre todo, como una fuente concreta de oportunidades para miles de familias que dependen del movimiento de este sector.


