Economia

Jóvenes ingresan a la banca entre avances y desafíos

El acceso de niños y adolescentes a productos bancarios suma dinamismo al sistema financiero. Pero especialistas advierten que la inclusión real depe…

| Por La Tribuna
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 El acceso de niños y adolescentes a productos bancarios suma dinamismo al sistema financiero. Pero especialistas advierten que la inclusión real depende de hábitos, guía familiar y educación formal, aún poco desarrollados en Paraguay.

El aumento de cuentas bancarias destinadas a menores de edad marca un cambio importante en la inclusión financiera del país. En los últimos años, las entidades comenzaron a observar un comportamiento repetido,  los niños y adolescentes ya utilizaban aplicaciones, transferencias y pagos digitales con naturalidad, incluso antes de contar con productos pensados para ellos. Sobre esa tendencia se apoyan los nuevos servicios lanzados recientemente por dos bancos del sistema.

Banco Continental presentó “ContiJr”, una cuenta dirigida a niños y adolescentes desde los 0 hasta los 17 años. Ueno bank, por su parte, habilitó “ueno kids”, una plataforma digital que permite a los jóvenes administrar ahorros, pagos y saldos, siempre bajo supervisión de padres o tutores. Según datos proporcionados por la entidad, más de 20.000 menores ya operan este servicio, con unos 15.000 usuarios activos y alrededor de 11.000 pagos con QR.

El avance, sin embargo, abre una pregunta central, ¿acompaña la educación financiera al ritmo de la tecnología? Para la economista Gloria Ayala Person, consultada por nuestro medio, la respuesta es matizada. Afirma que la apertura de cuentas puede ser un primer paso, pero no garantiza por sí sola la formación de hábitos sólidos. “La inclusión no se mide por la cantidad de cuentas, sino por la capacidad de usarlas de manera sostenible”, advierte.

Ayala Person recuerda que, en muchas familias, todavía predomina el manejo del efectivo y la ausencia de planificación. En ese escenario, la introducción temprana al sistema financiero puede resultar beneficiosa solo si los adultos están preparados para acompañar el proceso. “Los niños aprenden por observación. Si los padres no planifican, difícilmente los hijos adoptarán el hábito del ahorro”, sostiene.

Las cifras ayudan a dimensionar el contexto. Entre 2016 y 2025, Paraguay pasó de 2,5 millones a más de 11,6 millones de cuentas de depósito. El crecimiento, aunque notable, no necesariamente está vinculado a una mayor cultura financiera. La economista señala que sigue siendo común recurrir al fiado, a préstamos informales o a retirar el salario completo en efectivo sin planificación previa.

Aun así, la presencia de productos orientados a menores abre una oportunidad: cuanto antes se inicie el contacto con el sistema financiero, mayores son las chances de desarrollar autonomía y responsabilidad. Esto, considera Ayala Person, puede derivar con el tiempo en una ciudadanía más preparada para administrar sus ingresos, evitar deudas innecesarias y participar activamente en la economía formal.

Uno de los desafíos más mencionados es la falta de una línea educativa formal y sostenida. La especialista afirma que Paraguay necesita integrar con mayor claridad la educación financiera en el currículo escolar, capacitar docentes y articular esfuerzos entre escuela, familia y sistema financiero. “Lo que falta es continuidad. Se hacen actividades aisladas, pero no existe un proceso pedagógico que acompañe año tras año”, subraya.

El fenómeno también abre un debate sobre la autonomía digital. Las nuevas generaciones se mueven con facilidad entre billeteras electrónicas, códigos QR y plataformas móviles. Ese dinamismo, que impulsa la demanda de productos bancarios, debe ir acompañado de contenidos sobre seguridad, presupuesto y consumo responsable. De lo contrario, el riesgo es que la bancarización temprana quede limitada al uso práctico, sin comprensión del valor real del dinero.

Mientras el sistema financiero amplía su oferta y los jóvenes muestran entusiasmo por participar, el país enfrenta el desafío de equilibrar innovación y formación. La tecnología avanza, los productos se multiplican y la banca busca adaptarse al ritmo generacional. Pero la inclusión verdadera depende de un elemento todavía frágil: la construcción de hábitos.

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