Economia

En 2026, los productos básicos alcanzarían su nivel más bajo

Los precios de los productos básicos se encaminan a tocar en 2026 su nivel más bajo en seis años, encadenando cuatro ejercicios de descensos. Así lo …

| Por La Tribuna-
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Los precios de los productos básicos se encaminan a tocar en 2026 su nivel más bajo en seis años, encadenando cuatro ejercicios de descensos. Así lo señala la edición de octubre del Commodity Markets Outlook del Banco Mundial, que prevé caídas promedio de 7 % tanto en 2025 como en 2026, impulsadas por el flojo crecimiento global, el excedente de petróleo y la incertidumbre de políticas. La tendencia aporta alivio a la inflación, aunque las tensiones geopolíticas podrían acotar ese respiro.

La energía lidera el ciclo bajista. El superávit de crudo se amplió en 2025 y, de mantenerse, sería 65 % mayor al pico de 2020. Con una demanda menos dinámica —por menor consumo en China y más vehículos eléctricos— el Brent promediaría USD 68 en 2025 y caería a USD 60 en 2026. En conjunto, los energéticos retrocederían 12 % en 2025 y 10 % adicionales en 2026.

En alimentos, el informe proyecta una baja de 6,1 % en 2025 y de 0,3 % en 2026. La soja afloja por la cosecha récord y fricciones comerciales. Para 2026, el café y el cacao deberían moderarse al mejorar la oferta. La excepción son los fertilizantes: subirían 21 % en 2025 por mayores costos, para luego atenuarse a 5 % en 2026. Ese encarecimiento presionará los márgenes agrícolas y podría comprometer rindes si no hay financiamiento y tecnología.

Aun con la baja reciente, los precios siguen por encima del nivel prepandemia: en 2025 serían 23 % superiores a 2019 y en 2026, 14 %. El informe insta a aprovechar la ventana para ordenar cuentas públicas, facilitar inversión, agilizar comercio y apuntalar la competencia.

Los metales preciosos van en dirección opuesta. En 2025, el oro tocó máximos históricos, impulsado por la demanda de refugio y compras de bancos centrales: el reporte estima un salto de 42 % en el año y otro 5 % en 2026. La plata también lograría un promedio récord en 2025, con un aumento de 34 % y otro 8 % en 2026.

El balance de riesgos es amplio. Si el crecimiento mundial se mantiene apagado y persisten las tensiones comerciales, los precios podrían caer más de lo previsto. Un aumento mayor de la producción de la OPEP+ ampliaría el superávit y aceleraría la baja energética. La adopción de autos eléctricos —en fuerte expansión hacia 2030— restaría demanda al petróleo. En cambio, nuevas sanciones o interrupciones de oferta empujarían el crudo al alza y reforzarían la búsqueda de refugio en oro y plata.

El clima es otro comodín. Una Niña más intensa de lo esperado podría golpear la producción agrícola y elevar el consumo de electricidad, revirtiendo la trayectoria descendente de alimentos y energía. A esto se suma la expansión de la inteligencia artificial: los centros de datos demandan más electricidad y equipos, lo que podría tensar los precios de la energía y de metales como el aluminio y el cobre.

La lección de política es nítida. Con petróleo barato, los países en desarrollo tienen una ventana para encarar reformas fiscales: reducir gradualmente subsidios a combustibles —costosos e ineficientes— y reasignar recursos hacia infraestructura, educación, salud y conectividad. En paralelo, el informe recuerda que los acuerdos internacionales de control de precios rara vez dan resultados duraderos. La resiliencia exige diversificar y hacer más eficiente la producción, invertir en tecnología e innovación, mejorar estadísticas y permitir que la señal de precios guíe decisiones.

Para economías agroexportadoras, la combinación de granos más accesibles y fertilizantes más caros exige prudencia: coberturas de precio, financiamiento de insumos, logística eficiente y seguros climáticos. También abre oportunidades: energía más barata abarata fletes y procesos industriales, mientras que la mayor demanda de metales asociados a la transición digital y energética puede atraer inversiones. Para los hogares, la moderación inflacionaria es una buena noticia, pero no definitiva: el tablero global sigue volátil y las decisiones de hoy —en inversión, energía y clima— definirán cuánto dura el respiro.

En síntesis, los mercados de commodities dan aire a la economía mundial, pero no garantizan estabilidad. 2026 podría marcar un piso en energía y alimentos, con metales preciosos sosteniendo su rol de refugio. La diferencia entre aprovechar el ciclo o desperdiciarlo dependerá de transformar la coyuntura en reformas y productividad. La coordinación y la transparencia de datos serán claves en lo que viene.

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