Economia

Foro Mundial prevé crecimiento débil y ajustes económicos en 2026

Ginebra. El panorama económico mundial para 2026 se presenta con signos de fragilidad. De acuerdo con la última encuesta realizada por el Foro Económ…

| Por La Tribuna-
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Ginebra. El panorama económico mundial para 2026 se presenta con signos de fragilidad. De acuerdo con la última encuesta realizada por el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), casi tres cuartas partes de los economistas jefe consultados creen que la economía global se debilitará en el próximo año, en medio de un escenario marcado por tensiones comerciales, tecnológicas, institucionales y de materias primas.

El informe, difundido en la antesala de la reunión anual de Davos, advierte que los desafíos no serán coyunturales, sino de carácter estructural, lo que implica que la economía mundial no atraviesa simples choques aislados, sino un proceso de realineamiento profundo que obligará a redefinir las formas de cooperación, liderazgo y resiliencia.

Mercados emergentes como motor de crecimiento

Frente al debilitamiento de las economías avanzadas, el informe apunta que el dinamismo se concentrará en los mercados emergentes, en especial en Asia, Oriente Medio y el Norte de África. Estas regiones son vistas como los motores que sostendrán parte de la expansión global en 2026.

En el caso de China, los analistas se muestran más cautos, aunque seguirá creciendo, lo hará de manera moderada, con riesgos asociados a la deflación. A pesar de ello, uno de cada tres economistas prevé que el crecimiento en los mercados emergentes será fuerte en términos generales, mostrando un contraste con el estancamiento esperado en las potencias desarrolladas.

Economías avanzadas: Europa y EE. UU. bajo presión

En el bloque de economías avanzadas, el panorama es menos alentador. En Europa, el 40 % de los expertos anticipa un crecimiento débil, mientras que el 74 % espera una expansión fiscal y el 88 % proyecta una inflación moderada. El estancamiento es percibido como el principal obstáculo para sostener el ritmo de la economía en la región.

En el caso de Estados Unidos, las previsiones son aún más duras: el 52 % de los encuestados estima un crecimiento débil o muy débil, mientras que el 59 % augura una inflación alta. Según el 85 % de los expertos, ambos factores estarán directamente relacionados con la relajación de la política monetaria, lo que podría tener consecuencias en la estabilidad financiera.

Factores estructurales de riesgo

Entre los elementos más destacados del informe se encuentra la constatación de que las perturbaciones que afectan a la economía mundial son cada vez menos cíclicas y más estructurales. Esto significa que fenómenos como las tensiones comerciales, la deuda y los ajustes fiscales no desaparecerán en el corto plazo, sino que se integran como rasgos permanentes de la economía global.

El comercio internacional aparece como el ámbito más expuesto. Tres de cada cuatro economistas coinciden en que la disrupción de las cadenas de valor globales continuará propagándose a otros sectores, en gran medida por el aumento de los aranceles, las barreras regulatorias y los conflictos geopolíticos.

La deuda, un problema que alcanza a los países ricos

Otra conclusión llamativa es que la deuda dejó de ser un problema exclusivo de los países emergentes. Cada vez más este factor preocupa en las naciones desarrolladas, donde se concentra un volumen creciente de pasivos. De hecho, el 80 % de los economistas encuestados considera que los riesgos vinculados a la deuda se intensificarán en las economías avanzadas en 2026.

Las vulnerabilidades fiscales también figuran como un freno relevante. El 41 % de los expertos señala que se trata de un factor que limita la expansión en las economías desarrolladas, mientras que solo el 12 % cree que afecta con la misma fuerza a los países en desarrollo.

El Foro Económico Mundial interpreta que esta combinación de debilidades y transformaciones abre el camino a una reconfiguración de la economía internacional. En su análisis, el organismo sostiene que la necesidad de adaptarse a cambios permanentes obligará a redefinir mecanismos de cooperación, liderazgo político y resiliencia institucional, con el fin de amortiguar los impactos sobre el comercio, la inversión y el empleo.

De confirmarse estas proyecciones, 2026 marcaría un periodo de ajustes profundos, donde el crecimiento global dependerá en gran medida de los mercados emergentes y de la capacidad de las economías avanzadas de gestionar sus desequilibrios fiscales y de deuda.

En palabras del propio informe, el mundo se encamina hacia una etapa de “realineamiento económico” que redefinirá los flujos comerciales, la estabilidad financiera y los modelos de desarrollo en las próximas décadas.

EFE y Redacción La Tribuna 

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