Primera infancia saludable: leche materna seis meses

Este enfoque se respalda en evidencia sólida. La leche materna proporciona todos los nutrientes que un recién nacido necesita y aporta defensas que l…

| Por David Martinez
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Este enfoque se respalda en evidencia sólida. La leche materna proporciona todos los nutrientes que un recién nacido necesita y aporta defensas que lo protegen frente a infecciones comunes. Estudios de la OMS y UNICEF señalan que los niños que son amamantados exclusivamente durante seis meses presentan menor riesgo de diarrea, neumonía, obesidad y muerte infantil. También se ha comprobado que la lactancia beneficia a las madres, reduciendo el riesgo de cáncer de mama y de ovario.

En Paraguay, los avances son visibles, pero persisten desafíos. Según la Encuesta MICS 2016, solo el 30% de los bebés menores de seis meses recibe lactancia materna exclusiva. Este indicador está por debajo del promedio regional en América Latina, que alcanza el 43%, y aún más lejos de la meta global de la OMS, que busca un 50% de lactancia exclusiva para 2025. Estos datos reflejan la necesidad de fortalecer campañas, acompañamiento y condiciones laborales que permitan a las madres sostener esta práctica.

Alimentación complementaria desde los seis meses de leche materna

A partir de los seis meses, la leche materna ya no cubre todas las necesidades energéticas y de micronutrientes del niño. Es el momento de iniciar la alimentación complementaria, incorporando purés de frutas y verduras, cereales, carnes y huevo, de forma gradual y adaptada a la capacidad de masticación del bebé. La clave es mantener la variedad y ofrecer preparaciones caseras, evitando el exceso de sal, azúcar o alimentos ultraprocesados.

Incluir frutas y verduras desde temprano ayuda a establecer preferencias alimentarias que acompañarán al niño toda su vida. Estudios regionales destacan que la calidad de la dieta en esta etapa temprana influye en la prevención de la malnutrición, anemia y obesidad infantil. A partir del primer año, los niños pueden compartir las mismas comidas saludables que consume la familia, siempre bien preparadas y en porciones adecuadas.

En esta etapa, es esencial reforzar hábitos sanos, priorizando agua segura como bebida principal y evitando gaseosas, jugos azucarados y golosinas, que aumentan el riesgo de caries y problemas digestivos.

Higiene y ambiente de cuidado

Un entorno limpio y tranquilo es fundamental para la alimentación y el desarrollo del niño. La higiene de manos de los cuidadores, la limpieza de utensilios y la correcta preparación de los alimentos reducen el riesgo de infecciones gastrointestinales, una de las principales causas de enfermedad en la primera infancia. Los especialistas recomiendan además la alimentación perceptiva, observando las señales de hambre y saciedad del bebé y respetando sus tiempos. Este método fortalece el vínculo afectivo y previene problemas como la sobrealimentación.

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Estimulación temprana: jugar, hablar y acompañar

La primera infancia no solo se define por la nutrición, sino también por la estimulación temprana y un entorno afectivo seguro. UNICEF resume esta etapa con la consigna “comer, jugar y amar”. Los primeros mil días de vida son críticos: el cerebro forma hasta un millón de conexiones neuronales por segundo, y esa plasticidad depende de la nutrición, el afecto y la interacción.

Entre 0 y 2 meses, se recomienda contacto físico constante, caricias, hablarles y llamarlos por su nombre, además de prácticas seguras como el tummy time (boca abajo bajo supervisión) para fortalecer cabeza y cuello. De 3 a 6 meses, se sugiere mostrarles colores y objetos apropiados, permitir manipular juguetes seguros, estimular el balbuceo y fortalecer el tronco con juegos en posición sentada. Entre 9 y 12 meses, se debe fomentar autonomía con tazas y cucharas, estimular el lenguaje con palabras sencillas y acompañar los primeros intentos de ponerse de pie y caminar, evitando el uso de andadores que retrasan el desarrollo motor y aumentan riesgos de accidentes.

Cada una de estas actividades contribuye al desarrollo físico, cognitivo y emocional. En Paraguay, programas de primera infancia como los centros de atención integral y campañas de estimulación temprana buscan reforzar este enfoque, aunque persisten brechas de cobertura en zonas rurales.

Desafíos y oportunidades en Paraguay y la región

Los datos muestran un panorama con retos y oportunidades. En Paraguay, además de las bajas tasas de lactancia exclusiva, la desnutrición crónica infantil afecta a alrededor del 10% de los menores de cinco años, mientras que la obesidad infantil crece en centros urbanos. Este doble desafío evidencia la urgencia de políticas que garanticen acceso a alimentos saludables, educación nutricional y espacios de estimulación adecuados.

En América Latina, la situación es heterogénea. Países como Perú y Bolivia han logrado aumentar las tasas de lactancia de leche materna exclusiva por encima del 60% gracias a políticas comunitarias, redes de apoyo a madres y licencias más inclusivas. Estas experiencias pueden servir de modelo para Paraguay, donde aún predominan prácticas culturales que introducen agua, té o jugos antes de los seis meses.

El impacto económico y social de mejorar la nutrición temprana es notable. Estudios del BID y la OPS indican que cada dólar invertido en programas de primera infancia puede generar hasta siete dólares en beneficios futuros, gracias a la reducción de enfermedades, mejor rendimiento escolar y mayor productividad en la adultez.

Una primera infancia saludable requiere tres pilares: leche materna exclusiva durante los primeros seis meses, alimentación complementaria adecuada desde los seis meses y un entorno de afecto e interacción constante. Estos elementos garantizan no solo la supervivencia, sino también el desarrollo pleno de los niños y niñas.

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