"Guarani ñe’ẽ ha’eva’erã peteĩ mba’e oñemomba’eguasúva, ndaha’éi ñemotĩ. Ha’e peteĩ ñe’ẽ arandu, ipypukúva ipirapire hetáva, ha ha’eva’erã peteĩ mba’e omomba’eguasúva mayma paraguayo-pe".
"Hablar guaraní tiene que ser motivo de orgullo y no de vergüenza una lengua sabia, profundamente rica y tiene que ser un motivo de orgullo para todos los paraguayos".
Un reconocimiento histórico
El Día del Idioma Guaraní se recuerda desde 1967, cuando la Constitución Nacional otorgó rango jurídico a la lengua, reconociéndola como idioma nacional.
Con la Constitución de 1992, el guaraní pasó a ser oficial junto con el castellano y se estableció su enseñanza obligatoria en el sistema educativo.
Este paso significó la reivindicación de una lengua que siempre fue mayoritaria y profundamente enraizada en la identidad paraguaya.
El guaraní paraguayo y sus variantes
El docente y escritor Arnaldo Casco explicó que el guaraní que se habla en Paraguay es fruto del contacto con el español desde la llegada de los conquistadores hace casi 500 años.

Aunque tiene raíces en la lengua indígena, evolucionó hasta convertirse en el guaraní paraguayo, diferenciado del guaraní originario.

Actualmente, existen más de 50 variantes de guaraní en la región, de las cuales siete se hablan en Paraguay, entre ellas el guaraní mbyá, guaraní occidental y el guaraní paraguayo. Además, se mantiene vivo en Argentina, Brasil y Bolivia, donde también goza de reconocimiento oficial.
Lengua de guerras y trincheras
Casco recordó que el guaraní tuvo un papel decisivo en momentos históricos, como en la Guerra de la Triple Alianza. El Mariscal López convocó a un congreso lingüístico en Paso Pucú para estandarizar la escritura del idioma y facilitar su uso en revistas de trinchera como Cabichuí, Cacique Lambaré y El Centinela.

Durante la Guerra del Chaco también se declaró idioma único y oficial, usándose estratégicamente en la transmisión de claves militares. Estas experiencias demuestran cómo el guaraní fue, más allá de la oralidad, un recurso de unidad, resistencia y creatividad.
El Guaraní que nos hace sonreír
El guaraní también es el idioma del humor y la ternura. Su musicalidad lo convierte en un canal ideal para expresar sentimientos.

Ninguna palabra termina en consonante, lo que da lugar a expresiones largas y pintorescas como Akuarusetereintemaniko (“solo quiero orinar y punto”).
- Piropos creativos: “Nderehe añandu hendy” (“contigo me enciendo”).
- Expresiones cariñosas: “Che py’a guapy nendive” (“me siento en paz contigo”).
- Humor cotidiano: “Ani rejapo vyroreí” (“no hagas tonterías”).
- Exclamaciones: “Ndéra” para sorpresa o molestia.

Estas frases refuerzan el carácter cotidiano y popular de un idioma que combina ternura y picardía.
Sabiduría transmitida en la palabra
La permanencia del guaraní, según Casco, se debe a que los pueblos originarios lo consideraban sinónimo de alma. “Perder la lengua era perder el alma misma”, afirmó.
Esa convicción permitió que la lengua sobreviviera al contacto con el español y se transmitiera de generación en generación, principalmente a través de las madres indígenas.
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Obras como Ayvu Rapyta de León Cadogan y La civilización guaraní de Moisés Bertoni rescataron la cosmovisión, la filosofía y el conocimiento sobre la naturaleza que forman parte de la herencia guaraní.
Hoy, el guaraní enfrenta el reto de seguir vigente en medio de la influencia de lenguas extranjeras, el castellano hegemónico y las nuevas tecnologías.
El idioma debe conquistar nuevos espacios, universidades, redes sociales, medios digitales y escenarios urbanos. Solo así podrá desmitificarse la idea de que es una lengua “de campo” y ganar el prestigio que merece.
Orgullo y marca país
El guaraní debe ser una marca país, capaz de proyectar al Paraguay en el mundo. “Somos herederos de la civilización de la palabra.
Para los guaraníes, la lengua es alma. No heredamos monumentos físicos, heredamos la sabiduría transmitida en nuestra lengua. Por eso, hablar guaraní debe ser motivo de orgullo y no de vergüenza.
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