El resultado dirá que Paraguay venció a Nicaragua por 4 a 0, con goles de “Kaku” Romero Gamarra, Miguel Almirón, Matías Galarza y Alexandro Maidana. Las estadísticas reflejarán un triunfo más en la preparación rumbo a la Copa del Mundo. Sin embargo, quienes estuvieron ayer en Sajonia y los que siguieron el camino de la selección saben que la historia fue mucho más grande que un simple partido de fútbol.
La verdadera victoria comenzó varias horas antes del pitazo inicial
Las entradas se agotaron en cuestión de horas y dejaron en evidencia una realidad que hace tiempo viene creciendo alrededor de la selección nacional: la gente volvió a enamorarse de la Albirroja. Miles de aficionados coparon las calles para acompañar el recorrido del bus rumbo al Defensores del Chaco, generando una movilización tan importante que incluso obligó a retrasar el inicio del encuentro durante media hora.
Todos querían estar. Todos querían formar parte
La fiesta continuó dentro del estadio. Las tribunas ofrecieron un marco imponente y el mosaico con la frase “La Albirroja de todos” resumió a la perfección el sentimiento de la noche. Porque esta selección dejó de pertenecer únicamente a los futbolistas que saltan al campo. Hoy también es de la gente que volvió a creer.
El espectáculo previo animó y puso la piel de gallina a más de uno. Incluso un perro, el “mejor amigo del hombre”, también quiso mostrar su apoyo e invadió el campo de juego en la primera parte.
En la cancha hubo momentos de buen fútbol, emociones y aplausos. Pero el foco estuvo en otro lugar. Estuvo en las familias que llenaron las gradas, en los niños que sueñan con vestir algún día la camiseta albirroja y en una generación que esperó demasiado tiempo para volver a vivir la ilusión de un Mundial.
Ahora llegará el momento de viajar a Estados Unidos y afrontar el desafío más grande y esperado. Pero antes de partir, la selección recibió el abrazo que necesitaba, uno multitudinario, sincero y emocionante. El abrazo de todo un país.


