Cerro Porteño dependía solamente de su labor y no defraudó a su gente. Venció por 2 a 0 a Atlético Tembetary en el Defensores del Chaco y alcanzó su estrella número 35 en el plano doméstico. Juan Manuel Iturbe y Jorge Morel marcaron los goles del nuevo monarca de la Copa de Primera.
El Azulgrana demostró que el problema del “pánico escénico” era puro mito y coronó una gran campaña frente a su enorme afición que llegó hasta el estadio de Sajonia para vivir los festejos en primera persona.
El partido encontró buen ritmo desde el arranque, con un equipo tratando de proponer y hacerse protagonista a partir de la posesión, y otro que aprovechaba los espacios para apeligrar con alguna contra letal. En la fecha final, la 22 del Torneo Clausura, el Ciclón escribió una nueva página de gloria en su rica historia.
Antes de los cuatro minutos llegó la primera gran chance con un mano a mano de Sergio Araújo rápidamente achicado por el arquero Tomás Canteros. Cerro ya mostraba sus pretensiones desde el amanecer del encuentro. El costado izquierdo parecía ser el preferido por el Ciclón, con el tándem entre Blas Riveros y Cecilio Domínguez veloz y preciso por ese sector.
Justamente por ese costado se creó la acción del gol que abrió el marcador, a los 16 minutos, pero con otros actores principales que invirtieron sus roles. Luis Amarilla desbordó por banda zurda y se vistió de asistente con un centro raso medido para la atropellada de Juan Manuel Iturbe que, de primera y como un centrodelantero, abrazó el balón a las redes del arco rojiverde.
Tanto de ventaja que llegaba para tranquilizar a la ansiosa afición azulgrana que copó las gradas del Defensores del Chaco. Mientras de la otra cancha no llegaba información haciendo que el festejo se sienta sin ningún tipo de preocupaciones.
Después del gol, Cerro prosiguió en su plan de ataque, siempre con las bandas como vías de acceso a la cerrada defensa local. Pero, al mismo tiempo, dejaba mucho verde atrás para que la dupla de centrales cerristas resuelva el problema llamado Paul Charpentier, punta de lanza de Tembetary.
El atacante rojiverde supo ganar en un par de oportunidades y en una, incluso, paró los corazones cerristas con un cara a cara en el que Gustavo Velázquez tuvo que ultimar recursos para impedir el tanto contrario.
Ya pasada la media hora de juego, Tembetary fue emparejando las acciones en cuanto a la posesión y con sendas pelotas aéreas acorraló por momentos al Azulgrana. Sin embargo, la mira rojiverde no estaba fina y en ninguna de esas repetidas ocasiones consiguió llevar peligro real al arco defendido por Alexis Martín Arias. De esta manera, la primera parte se cerró con la ventaja parcial de Cerro de un gol.
Gol tempranero para adelantar el festejo
La etapa complementaria comenzó con Tembetary tratando de imponer sus formas desde el arranque, pero sin la misma solidez en la retaguardia que en la etapa inicial. Tal es así que en la primera incursión ofensiva cerrista se volvió a mover el marcador. Domínguez pegado a la línea, esta vez por el carril derecho, habilitó a Jorge Morel que, al pisar el área rival, sacó un disparo cruzado y colocado que venció al último escollo rojiverde, a su guardameta.
Ya con el segundo tanto, la alegría era total en la hinchada azulgrana que no le importaba la lluvia ni la posible gripe que estaban incubando por exponerse al clima en Sajonia, todo era válido para volver a vivir una noche de campeonato, como hace cuatro años atrás.
Volviendo al desarrollo del encuentro, ese tanto del volante central anestesió al rival y convirtió a Cerro como claro dominador del trámite, sin sufrir y con chances de ensanchar la diferencia en cualquier ataque.
Los cambios de Jorge Bava fueron consecuentes con el objetivo de su equipo: cerrar el partido mucho antes del pitazo final, y así fue. Durante todo el segundo tiempo Cerro no sufrió ningún sobresalto y logró transitar los minutos ya con festejos anticipados, sabiendo que el desenlace no podía ser otro y que la historia era difícil de torcer.
Cerro campeón, como aquella primera vez en 1913 y las otras que le siguieron. La mitad más uno está feliz, con un título que revalida la identidad ganadora de todo el pueblo azulgrana.



