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Del repunte en Eliminatorias al impensado protagonismo

Tuvieron que pasar 16 años para que la selección paraguaya vuelva a competir en una Copa del Mundo, sin pensar que asumiría un serio protagonismo en la cita futbolera que en esta ocasión reunió a 48 selecciones nacionales.

| Por Gerardo Benitez Monges
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La victoria por penales, en los 16avos., dejando en el camino a Alemania, uno de los favoritos al título, fue uno de los picos altos de la Albirroja.

Lo cierto es que Paraguay, en ningún momento apareció entre los candidatos a pasar siquiera la fase de grupos que integró junto al dueño de casa Estados Unidos, al pintado Turquía y al ambicioso Australia; empero, dejó sus huellas ante los poderosos del fútbol mundial. Ya el camino hacia el Mundial fue una demostración de carácter, pues tuvo que soportar un inicio complicado en las Eliminatorias; sin embargo, la Albirroja protagonizó un repunte extraordinario con el “profe” Gustavo Alfaro, encadenando resultados de enorme valor que le permitieron asegurar una clasificación directa a la Copa.

Aquella recuperación fue el primer indicio de un equipo que aprendió a competir, a creer en sí mismo y a enfrentar de igual a igual a cualquiera. Ese crecimiento que se dio a partir de Alfaro, quedó confirmado en el Mundial.

Uno de los momentos más memorables fue la victoria sobre Turquía, que revitalizó al equipo luego de un comienzo adverso ante el anfitrión; ese triunfo terminó siendo determinante para avanzar a la siguiente fase; fue un partido en el que Paraguay arrancó con un zarpazo de Matías Galarza, para luego sostenerlo con personalidad y mucho esfuerzo.

Pero el gran golpe llegó en los dieciseisavos de final. Frente a la poderosa Alemania, Paraguay escribió una página gloriosa de su historia reciente; resistió la presión del rival, hasta que un golazo de cabeza de Julio Enciso volcó la balanza a favor.

Tras el empate que se dio a poco de iniciarse la complementaria, y gracias a su enorme fortaleza de juego y un arquerazo del quilate de Orlando Gill, terminó imponiéndose en la definición por penales, eliminando así a uno de los grandes candidatos al título y convirtiéndose en una de las grandes revelaciones del campeonato.

En los octavos de final esperaba Francia, otra de las favoritas, pero lejos de ser un trámite para los europeos, el encuentro fue una verdadera batalla futbolística. Paraguay cerró todos los caminos, obligó a los franceses a extremar recursos y solo cedió ante un penal convertido por Kylian Mbappé. Incluso en los minutos finales, la selección nacional estuvo cerca del empate, mientras que Francia terminó defendiendo con angustia aquella mínima ventaja, consumido por las manecillas del reloj para asegurar su clasificación.

Ese ajustado 1-0 reflejó el enorme esfuerzo paraguayo y la dificultad que tuvo uno de los gigantes del fútbol mundial para superar a la Albirroja. Por ese motivo, principalmente, Paraguay abandonó el torneo con la frente en alto.

Más allá de los resultados, la Copa del Mundo 2026 significó el renacer de la selección paraguaya; el extraordinario repunte en las Eliminatorias, la clasificación después de 16 años de ausencia, la histórica eliminación de Alemania y la dignísima presentación ante Francia representan los cimientos de un proyecto que invita a mirar el futuro con optimismo y que vuelve a colocar a la Albirroja entre las selecciones llamadas a competir con protagonismo en el fútbol internacional.

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